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Los recuerdos se apelmazan como la pila de trabajo que queda por hacer. Todo reclama la inmediata atención, pero bien sabés que es un lamentable juego de suma cero. La batería a esta altura del año está hinchada, está agotada, se agota más rápido que los saltos de una piedra sobre el agua. Para colmo los cargadores están hirviendo, sospecho que alguno estallará y será un gran espectáculo. Primero veremos a un buzo quedarse sin tubo de oxígeno y luego al buzo agotando sus pulmones, una tragedia sin precedentes. Al igual que la estupidez de tu jefe, el líquido de ese suero nunca parece acabarse. Va gota a gota llenando tu torrente sanguíneo y las alucinaciones se intensifican cuando en tu mente se mezcla con el estrés, eso sí que no es un juego de suma cero. Es un juego de dados que puede sacar un número alto de explosión mental o dejarte como una Gazania en día nublado. Desatado o balbuceando lanzarás improperios, cuya virulencia será invariable aunque el tono de dicha expresión suba o ...
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Una pared infranqueable nos deja inofensivos de este lado. Es inútil que peguemos los oídos a estos ladrillos, nuestros vecinos se han aislado, se manifiestan en silencio en un mundo digital. Pero la suerte nos tomó el pelo. Mientras allí quedaron recluidos humoristas y payasos, aquí nos acosan novicios del stand-up. Una parva de adultos narcisistas obstinados en contaminar acústicamente cada pedazo de este aire, que no es mucho. Pobres de nosotros que, tomados de la mano, nos aventuramos en un río de dióxido de carbono atorado de palabras sin sentido y lamentos modernos. Extrañamos el cine mudo, la reflexión frente al espejo o el reparo de un árbol que da sombra y al mismo tiempo libera el pensamiento en pleno silencio. Que delirantes nos hemos vuelto que el único antídoto que encontramos al dolor de oído es el método Van Gogh. Ghetto (1947). Mosze Waldman
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Estamos aquí reunidos para platicar sobre el soporte físico y emocional que brinda la carne humana a la megalómana idea de la mente. Qué sería de la paciencia y el descanso sin ese cuerpo que reposa? Qué pasaría si la mezcla cada vez más heterogénea de ideas y principios no encontrara boca para hacerse oír? Serviría igual un cuerpo mudo u otro con gran caudal de voz? Qué pasaría si ese cuerpo se quedara arrojado en algún basural? Si su vida no vale nada, por qué habría de hacerlo el pobre aire que empuje desde su diafragma? Entenderá usted que el poderío de esa masa vale por su apariencia. Cuando madure, disipará aquella ilusión que venda sus ojos y lo hace ignorar la realidad del mundo en el cual vivimos. Comprenderá que es más rentable invertir en cirugía estética que en asquerosos y mundanos libros de feria, que solo congregan cabellos y pedazos de piel muerta de sus dueños anteriores. El camino virtuoso del éxito empieza por el peldaño de la simpatía más que la introversión, por la...
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A cada péndulo del reloj de la estación, encuentro una piedra de mis pinturas. Busco granjearme una reputación invaluable en un parlamento de hipócritas. Florecer en la oscuridad para luego caer como pluma en suelo. Sabré confiar en el instinto y al mismo tiempo superar mi biología? Las calandrias divisan el camino hacia una fértil procesión, los cuervos atentos esperan los residuos, un desvío del objetivo, un desaliento que pueda cobrar sentido, una caída que pueda alimentar la guadaña. Espiral de un tornillo sin tuerca o matriz diseñada en lejanía? El frenesí no se equivoca, nos encuentra más temprano que tarde en el molde de lo que olvidamos, de lo que quisimos escapar.
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Escucho que golpean la puerta, hay ruidos afuera. El alcohol me agudizó el olfato pero no huelo nada fuera de lo normal. Será algún truco del visitante o solamente estoy muy ebrio? Por la mirilla no veo nada, ha de ser alguien pequeño, quizás no golpearon aquí, habrá sido en otro apartamento (persigo el auto convencimiento). Pero la puerta suena nuevamente y mi gato con curiosidad y expectativa se apostó en la diagonal de concreto con una mirada atenta. Abrí la puerta y para mi sorpresa no había nadie allí. Cerré la puerta para continuar con mis tragos y mi baraja, pero el clímax se había quebrado. La radio se quedó sin batería y sin música empezaba a impacientarme. Iracundo y ansioso absorbía el aura a mi alrededor y de repente la luz se volvió más tenue, el silencio provocó la cólera de los ignorantes, comencé a pensar. Me acribillaron bandadas de pensamientos, regimientos de ideas, incontables flotas de recuerdos que atravesaron la manteca de la memoria como cuchillo templado a las ...
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Nunca quise conformarme con las reglas que planteaste. Me hubiera gustado ser algo más que tu lazarillo. Parecía que te guiaba por el sendero de la oscuridad, pero más bien fue una reclusión premeditada. ¿A qué responde ese comportamiento efusivo, extra-neurótico, casi prehistórico, que florece cuando nada sale como querés? De repente no encontramos excusas para vernos, pero nos vemos con un vidrio de por medio, como si alguno de los dos estuviera preso. No existen mecanismos ni análisis capaces de delimitar aquello que siento. Me resulta complejo pintar en el lienzo con una materia tan heterogénea, tan viscosa, a la que le afecta más la gravedad que la permanencia. No repito refranes ni coplas. No hay dogmas ni teorías, mucho menos directivas que puedan sacarme de este agujero. Floto para no pisar mi sombra. La ciénaga me abraza mientras me integro en la mezcla arbórea de su piel. El abrigo llegará en octubre, la cosecha me expulsará en mayo, y solo espero, en julio, recuperar mi cond...
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A cada paso me deshago, el cuerpo se separa de los brazos, ya no los cree necesarios. Mientras tanto yo protesto: "quién o qué sostendrá ese libro? Es que acaso ya no querés leer más?" Y el cuerpo terco y obstinado se mueve sin mirar atrás. Le toca el turno a las pestañas: "pero cómo evitaré que mis ojos sigan abiertos sin ser víctimas de la basura del universo?" Y la respuesta nunca llega. En un acto de osadía deja caer el pelo y molesto mascullo: "muy adecuado para mi edad... Las piernas seguro se mantienen para poder seguir escapando a ningún lado". Al final, se caen mis dientes, los labios, todo lo que ocupa el radio de mi nariz se ve desplazado por una masa amorfa de piel sin cuartel. Kilómetros de una tela que no distingo me cubren entre la lluvia que ha decidido caer. Me arrastro y el diluvio me diluye, me aferro a las ramas de un árbol, pero la corriente es más eficiente que mi voluntad. Fluyo con el agua, me escurro por la caída natural de esta ca...
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De niño, el olor a comida recién hecha me guiaba hacía la mesa, de adulto es tu voz a través del bosque. No veo nada a mi alrededor, solo algunas tímidas estrellas delimitan los árboles al frente y mis pupilas cooperan para destacar las fronteras. Mi mente compone con sumo realismo tu último recuerdo y mi imaginación le pone así el rostro a tu voz. Ahora la experiencia es completamente una delicia. Por qué tuviste que suplicar mi nombre de noche? Por qué soy esclavo de tu voluntad? Apostaría los centavos que no tengo por ver tu sonrisa brillar y fumaría hasta el último cigarro de tu olor con lo que me quede de aliento. El día que me esquives la mirada, el día que rechaces las llamadas y borres de tu boca la huella de mis manos en plegaria, depondré mi espada, subiré a lo alto de esa muralla y seré el escudo humano de esa vil metralla. De nada vale esta tinta si no encuentra destinataria. Ophelia (1852). John Everett Millais
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Estoy confundido, en verdad dirías que estoy actuando como vos? No recuerdo haber estafado a alguien ni tampoco haberle hincado una daga filosa en su oído. Muchas veces las actitudes que achacamos al otro son no más que proyecciones. No tengo intenciones de ser tu chivo expiatorio. Encontré tu muerte la noche en que se partió tu cara de frivolidad y junté, entre lágrimas, los pedazos, a sabiendas de que esos fragmentos me habían hecho tanto daño. Lo dejo en claro, no quiero tu regreso. Ya no me alteran los recuerdos, no me inquietan los olores, no me erizan las pasiones. Dejé caer alcohol en las venas y conteniendo mis gritos observo como la herida se calla. No tiene sentido escurrir la infección, se fundirá con el aire al igual que tus promesas al viento. Ya es hora de colocar el vendaje, ya es hora de salir al sol. Light and Colour - The Morning after the Deluge (1843). William Turner
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Una gota más insiste sobre el suelo y me preguntás por enésima vez: cuándo vas a arreglar esa gotera? Es más cómodo vaciar la cubeta y aprovechar para regar las plantas, eso seguro, pero la persistencia del agua terminará pudriendo la estructura. Y qué pasará cuando todo se caiga a pedazos? Acaso saldrás corriendo a cubrir tu interior con una lona o te hundirás en el lamento más profundo por no haber hecho a tiempo lo que debías? Desprenderse de la infección a tiempo acortará la recuperación, cortarte esa pierna que se ha desvanecido en la metralla no te permitirá correr la maratón, pero sí seguir viviendo y no morir desangrado de una manera patética, mientras te arrastrás a retaguardia. Klosterruine Eldena bei Greifswald (1825). Caspar David Friedrich
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Estoy confundido, en verdad dirías que estoy actuando como vos? No recuerdo haber estafado a alguien ni tampoco haberle hincado una daga filosa en su oído. Muchas veces las actitudes que achacamos al otro son no más que proyecciones. No tengo intenciones de ser tu chivo expiatorio. Encontré tu muerte la noche en que se partió tu cara de frivolidad y junté, entre lágrimas, los pedazos, a sabiendas de que esos fragmentos me habían hecho tanto daño. Lo dejo en claro, no quiero tu regreso. Ya no me alteran los recuerdos, no me inquietan los olores, no me erizan las pasiones. Dejé caer alcohol en las venas y conteniendo mis gritos observo como la herida se calla. No tiene sentido escurrir la infección, se fundirá con el aire al igual que tus promesas al viento. Ya es hora de colocar el vendaje, ya es hora de salir al sol. Light and Colour - The Morning after the Deluge (1843). William Turner
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Esta tarde la ley cayó sobre nuestros cuerpos. No les alcanzó con limitar los movimientos y atraparnos en redes legales a cada paso en falso, nos invitaron a comer aquello que les sobró, aquello que les conviene. Cerramos los ojos con mugre dentro de ellos! Aguantando así las falsas lágrimas de la irritación, que ciertamente molestan, pero poco importan ahora. Nos deslizaron una propuesta copuladora, procrear y mantener la rueda girando, para que puedan seguir robando. Tu negativa significará un hilo más en tu triste marioneta, un refuerzo de tuerca a tu insolente autonomía, una coerción más sobre tu alma.

Love will tear us apart again

En un vals a fuego lento nos cocemos, como ciudadano en Estado Autoritario. Es difícil seguirte, te piso, me chocás, te enojás, pero más tarde logramos condensar. Tu pelo cayendo sobre tu cuello es el imán que atrae todo lo que queda de mí, los residuos de mis vidas pasadas pasan progresivamente a tus dominios, maniobra envidiada por aquellos que codician lo ajeno, por poco que sea. Pero la gravedad de pronto hizo lo suyo, caí en tus pies y no tuviste el menor reparo en sostener tu fría y constante actitud. Cuando éramos dos Goliath, el intercambio era brioso de veras! Pero cuando padecí el síndrome de David, fue algo destructivo y desmedido. Quién diría que aquello que tanto me atrapaba sería más tarde aquello que odiaría? Ian tenía razón: "But love, love will tear us apart again"
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Acércate y mira dentro de mí. En la góndola de mi interior, hay algo que sea de tu agrado? Encuentras fichas de dominó para completar tu esencia o solo sustancias que deseas consumir? No me mientas que me doy cuenta, no soy el tonto que suponés. Te escucho atentamente, recojo las migajas de tu discurso como Hansel & Gretel. Sin embargo, respondo negativamente a tus sugerencias, creo que enaltecer mis cualidades para que sean más atractivas no aporta un interés real, la apariencia pesca solo una atención superficial. No quiero incurrir en la soberbia, pero creo que así tal cual son, encarnan la mejor publicidad. Puede que antaño haya mendigado esporádicas atenciones, llenando espacios con sonrisas falsas o charlas de ascensor, pero como el río, mi postura cambió. Ya no me interesa impostar, mi voz es la que es; ya no quiero encantar, mi piel no voy a cambiar. Self Portrait with Arm Twisting above Head (1910). Egon Schiele
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Mientras el escenario guarda silencio, el público muestra su espectáculo. Qué divinidades me esperan al otro lado? Ahora que ya no estoy, que ya me fui. La valentía me demostró su mejor cara, la psiquiatra me salvó el pellejo, mientras vos robabas mis pastillas, yo contaba el monedero. Treparé antenas para amplificar el dolor, cuanto más lo reprimo más necesito de vos, y esa dependencia es mi decadencia, esa sentencia hoy me aleja de la piel anterior. No limites tus dedos a tu cuerpo, el tacto no es un espejo y no te devuelve lo que buscás, algo tiene que acercarse, un satélite debe girar. Redonda se ha venido la treta, cuadrada se ha vuelto la meta, guijarros en el camino llano, rayos intensos de sol en este verano. Mientras todo gira menos yo, el público aplaude el vacío del escenario. Intermission (1963). Edward Hopper
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Hice sonar con los pies las latas de ayer. Los excesos son malos, pero contigo hasta el vino más seco sabe bien dulce. Cuántas veces te hice el truco de la moneda en el oído? Cuántas veces te burlé con el trabalenguas que no te sale? Si tuviera la llave de tu risa, la tendría siempre en mis manos, le daría innumerables vueltas hasta que ya no te queden más cosquillas, hasta que la música se vea ahogada por tus cuerdas vocales. Ciertamente solo callaría tus carcajadas por encontrarme con tus labios, mientras un ambiente artificial nos olvida. Contemos estrellas hasta quedarnos dormidos, inventemos constelaciones puesto que el cielo las ofrece y la noche lo habilita. Tal vez así el ruido de la gotera se te vaya de la mente, tal vez así olvide tus cremas desordenadas. Hay derecho de admisión frente a lo negativo, esta noche y cada noche que decidamos viajar como solo nosotros sabemos hacerlo. Над горадам (Por encima de la ciudad) (1918). Marc Chagall

Un fétido fluido brotó de mi oído

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Me pregunté cuál era la causa y a qué debía tan asqueroso placer, pero el universo no se dignó a responder. Al principio sentí desconcierto, luego un inevitable dolor que me hacía retorcerme pero ahora sólo siento una inexplicable parálisis, ya no percibo ruido alguno, ya no escucho. Las orejas se ponen más negras que mi propia piel, que mis propios miedos. Pero aquello que me hiere ya no me afecta, no altera mi inerte condición. La poca sensibilidad que me quedaba se ha desvanecido como espíritu ante luz eléctrica. Untitled (2022). Zdzisław Beksínski.
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Si tus dedos se hicieron garras, si perdiste el pelaje en una pelea callejera, si rendiste tus esperanzas a un hueso sin terminar, no te olvides de tus sueños, no olvides las ideas logrables en ese entonces aunque algo inalcanzables en estos días que atraviesan. Las lunas que contaste y guardaste en tus pupilas, servirán para alimentar tu temprana soledad, persistirán en aquellas gélidas noches que el destino te adjudica. Sabiamente sabrás descartar pastillas de la basura, soluciones rápidas que mucho prometen y poco te dejan, que mucho alteran y poco es lo que perdura. No existen soluciones indoloras, no existe vida sin pulgas, no existe el olvido sin la resaca.
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Qué lugar ocupas en la cadena alimenticia? Sé que tus elevados pensamientos alegan que sos el último eslabón, pero al verte suspendido en altamar, concluyo que sos un pez indefenso en medio del mar. Tu percepción se ve afectada por una leve falta de conciencia, pero más que nada por el embrujo de quienes manejan los piolines, de quienes tocan los violines en tu lecho de muerte, un lecho deshidratado, desgastado, senil pero pueril, maravillosa contradicción!
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Sal y encuentra lo que debí decirte esa noche, escrito en una hoja arrancada con los dientes de un libreto. Traduce cada uno de mis aforismos y rebusques rioplatenses en algo neutro que puedas comprender, puesto que el amor no conoce de fronteras, pero la lengua si. Tragué unas piedras para no sentirme tan miserable, para sentir algo más dentro de mí que el súbito remordimiento por tu partida. Es novedosa la manera en que esas sustancias borran los escritos de tu memoria, aquellos que tanto me esmeré en redactar y recitarte. Que desgracia! Las palabras no sólo se las lleva el viento, también las sepultan los actos de mala fe. Reverberan mis sentires a través de los relatos, se deforman al pasar de boca en boca, de chisme en chisme. Cuando ya nada queda, cuando se agotan las posibilidades, cuando aquel hilo que recorría un globo terráqueo buscando unir tierras de nadie se separa de su origen, solo resta navegar y que el río nos envuelva en su baile.
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Elucubro teorías sobre el fin de mi vida. Las encuentro cercanas, en una tenebrosa esquina, tras una pelea absurda por una cuenta que no se pagó. O más bien lejanas: quedándome tieso por la edad, efecto dominó. El día que desee gatillar un arma de flores aseguraré un gran caudal musical. No quisiera que los fantasmas del pasado me encuentren serio y tenso en el momento de la balanza, del tedio.

No comprendiste, te fuiste.

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Decías que de ese carretel no salía más hilo, pero no fue con hilo que hice este abrigo. El resultado: un torbellino, una cascada, andando lejos de nuestra manada. Pero así son las cosas, así los finales: amargos, iguales, colaterales. Me iré más temprano, como empezamos, así terminamos, cada cual, por su lado. La despedida (1958). Remedios Varo
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Quería izar la bandera de mis pensamientos sin temor a que tus críticas lluevan como piedras tras la descarga del obus. Bien sabía que al camuflar mis manos en lo profundo de mi abrigo perdería el don de tomar tu temperatura. Cuan frío estaría tu cuerpo? Separar el vagón de la locomotora no es una buena idea si se quiere llegar a un destino, pero qué ocurre si el destino cambió? Y si el destino está en la quietud? He de dibujar en un pergamino la pieza del rompecabezas que falta. Paso tras paso recojo las hojas que el otoño dejó, me dispongo sin reparo a reconstruir el castillo de arena que la crecida borró, a gatas sabré recomponer los pedazos del vidrio roto. Das Tor (1890). Albin Egger-Lienz

Cenizas en el mugroso suelo

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Habrán fumado o quemado los diarios de ayer. Sin dudas no es miércoles de cenizas, aquí la religión no tiene nada que aportar. Cuándo vendrá el aguacero para limpiar el esperpento? Es posible que mi deseo no se cumpla en lo inmediato, es probable que deba funcionar como un arqueólogo en este terreno, tarea fácil de desempeñar, solo que no tengo claro qué debo buscar. Qué forma tiene lo perdido? Dónde quedaron mis herramientas? Hay algún plazo que cumplir? Hay algún cuidado que debo tener? No quisiera tocar un cable electrificado. Le Ravin de la Mort à Verdun (1916). Ferdinand Joseph Gueldry.
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Tus dedos mueven las agujas del reloj y amasan los granos de arena, qué evidencia más tu control sobre el tiempo? El dominio sobre lo físico o la inercia del correr de las horas? Intenté castigarte por lo ocurrido, rogar que todo vuelva a ser como antes y prometer fidelidad ante el abismo, pero nada, absolutamente nada me ayudó a sentirme más joven, o menos viejo que el próximo minuto. Lucho contra tu tiranía, me doblego ante tu eficacia, me entero que la codicia y el buen trato no afectan tu parcialidad, no alteran tu biorritmo. Pobre de mí, subyugado a tu voluntad, pobres todos.

Lápiz y papel, manos a la obra

Me dedico a dibujar todo tipo de figuras espontáneas, productos de mi inconsciente más profundo. Pero al querer dibujar algo tan simple y ordinario como una circunferencia, me siento incompetente, incapaz. No puedo comprender como algo tan determinante puede ser tan difícil de definir, tan ambiguo, tan indescifrable. Comienzo sospechando que la culpa es del grafito -la culpa siempre encontrará asidero en el exterior- o de la hoja que tiene un relieve que no permite la conclusión. Pero más temprano que tarde caigo en la cuenta de que mi espíritu no lo asimila, de que mi mano se resiste a tomar esas cartas, a mover esa pieza, a dar un paso firme. "Ciego aquel que sin vendaje ni ropaje se encuentre al borde del precipicio, sin voluntad de caer, sin nadie que lo empuje y lo acerque a su destino" me dijiste esa noche, y esas palabras acudieron a mi encuentro.
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Pierdo el tiempo removiendo la hojarasca con los pies, como un sabueso apego mi hocico al suelo siguiendo tu rastro. Los diarios me informan que no pasaste por aquí, que sigo la pista equivocada. Me dejo caer en la hierba, bebo un largo trago de agua y simulo estar en tu mente. Sustentado en la empatía, trato de pensar como lo harías vos, trato de imaginar dónde estás. La sepultura de tus padres, la plaza de tu infancia, el faro de tu adolescencia... Las posibilidades se amontonan y con ellas mi desesperación, mi desesperanza. Acudo a la biblioteca y junto a la chimenea me siento en la alfombra. Detengo los dedos en cada fibra, cada centímetro de la piel de ese noble cuero, como si buscara la información que se perdió, pero lo único evidente es tu ausencia. La realidad se me ha vuelto un cubilete mareado de dados, una aguja pinchada, un saco roto del cual mis monedas se escapan. Fortvilelse (1894). Edvard Munch
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Desde lo alto de esta montaña veo las camionetas pasar por la ruta. Con los binoculares invado la privacidad y penetro los parabrisas husmeando los rostros de los conductores. Mis parientes aborrecen desde el cielo esta intromisión, pero si fueran tan omnipotentes como supongo, se darían cuenta de que mi objetivo no es fisgonear, es encontrarte. Ardua tarea en esta sociedad donde todas las hormigas se parecen, todas tienen patas, todas caminan apresuradas, pero solo una tiene los ojos que busco, solo una reúne en unos cuantos centímetros un manojo de rasgos que desencadenan en mí, una estimulante ráfaga de sentimientos. La constante vigilancia se detiene solo ante fatigas oculares, pero retomo mi actividad tan pronto como mi naturaleza lo permite. Aunque una vez me atrapaste, alegaste que pasaste de noche cuando volvías cansada del trabajo y en una contra vigilancia me viste lejos, en el mundo de los sueños, y yo no pude más que admitir la verdad, excusándome en los límites del humano,...
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Si tocas mis párpados sentirás el infierno, si tocas mis piernas el más crudo invierno. En esta noche lluviosa me acompaña una vela apostada, firme como soldado ante su coronel. Mientras tanto, me dispuse a releer tus cartas, la caja está en el suelo, las flores en los libros, el amor en los cuentos. Una vez más me sorprende la gran obra de teatro que montamos. No dejamos recurso sin utilizar (nunca fuimos tan originales) sin embargo, tuvimos momentos únicos que llenarían de envidia al más galardonado guionista de Hollywood. Empero, qué cualidades deberíamos haber esgrimido para que este frágil cristal siga vivo? Quizás el cariño que forjamos era de una aleación impura que no era inmune a todo impacto. Tenías razón cuando en tu última carta esbozaste un agudo proverbio: "El desgaste del tiempo corroe hasta el acero más inoxidable". Devolver el papel a su origen respetando fielmente sus pliegues sin dificultad alguna, recorrer mi nombre en la tinta como si estuviera escrito en...
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Tu puerta estaba entreabierta y de manera imprudente, la curiosidad me invitó a pasar. El reloj ocupaba el espacio con su latido y su estridente sonido delataba que nadie estaba dentro, mis nervios se dispararon y sentí la fría sensación de que estaba invadiendo tu intimidad. Volví sobre mis pasos y dejé mi olor y un cabello al toparme con la campera del recibidor. Cerré la puerta, dejando las huellas en el picaporte, miré hacia el ángulo superior del pasillo y la cámara me registró plenamente en su cinta, esquivé su mirada pero ya era tarde. Aparecí en la escena del crimen, salí en tus diarios, fui el principal sospechoso de haber manchado tu más pura ideología con mis cuestionamientos y tu inocencia con la rebeldía de ideas antiguas y malditas. Las pruebas me encuentran culpable.

Ya no quiero escucharte

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Tu arte de poner palabras en mi mente para aumentar la tortura del subconsciente ha colmado mi paciencia. Tu audacia me fuerza a abdicar, tu insistencia doblega mi coherencia y tu negativa compromete mi lógica. No recuerdo cuándo fue la última vez que me sentí desapegado, solitario en una foto grupal, absorto en un guiso de pensamientos donde la sabiduría era el condimento y los autores nuevos revolvían y evitaban así que se pegue el fondo de la olla. El entretenimiento y las voces del ruido ambiente me encontrarán desarmado y débil ante su tentación, elijo subirme al tren de la inspiración y que me lleve a pasear el sonido en frecuencias y paños menores. Dame im Sessel, schreibend (1929). Gabriele Münter
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En la inmensidad de la sequía, cualquier flor silvestre es digna de admiración. Solo necesito una inhalación profunda de ese aire para constatar que todo ha sido contaminado, todo menos lo que exhalas. Si supieras que tu presencia es tan valiosa para mi, me la cobrarías sin titubear, y no te juzgo, es consecuencia de este sistema que nos lleva a comercializar cuanto podamos. El tiempo que nos separa, la distancia que nos aqueja no puede ser un impedimento para que el reencuentro sea una expresión de vitalidad, de pecados absolutos pero una oda a la larga vida. Las llamas se van apagando, te abrigo en la noche, no puedo dormir recordando todo lo que ha pasado. Los tormentos llegarán como explosiones inesperadas, estallidos inminentes que ocuparán todo el territorio disponible como buen invasor. Tu piel se mantiene lisa y templada, no como la tierra del campo, tan fría e irregular que apenas me permite dormir cuando estoy fuera. El agua de pozo me parece más pura ahora que el río está ll...
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No te creas, no pierdo el tiempo escribiendo. Si escribo sueño, regurgito todo lo que la madre rutina me da por la boca, lo masticado previamente por la sociedad y su contexto. Aunque el día a día me deje ampollas y urticarias, serán mis palabras poderosos corticoides que no vencen, que no pierden efecto. Sin Esperanza (1945). Frida Kahlo
Por más bajo que hables, el despiadado eco de esta habitación revelará a los cuatro vientos tus pensamientos. Y si no es el eco, será el inconsciente tu delator, tus francas acciones o tus profundos deseos. La lluvia se escurre por fuera de la ventana y un cigarro apagado espera consumirse por completo. Tirada sobre la alfombra mirás en el cielo raso cómo la humedad se expande como tu vanidad, recortás tus uñas para no pintar, usás perfume para no lavar. El laberinto de tu vida superó los recovecos del diseño original y tu parque de diversiones se llenó progresivamente de vicios, más no de niños. Estallás globos de tu goma de mascar, el tiempo pasa y el sol sale aunque no lo midas, aunque no lo pidas. Nada está bajo tu control y nada satisface tu decadente pasión; el trofeo del peor lo ganaste vos, los laureles se los llevó el pastor, el miserable te acercó a Dios y tu familia te olvidó. Tus vestidos te envuelven como cuando eras niña, contás los recuadros en ellos, bordás uno nuevo ta...
Me acerqué a una calesita abandonada, intenté ponerla en marcha pero por desgracia mí ilusión y mi esperanza no lograron movilizar ese duro mecanismo endurecido por los años. Los caballos estaban sin cabeza, los elefantes ya no tenían trompas, los conejos no oían sin sus orejas, ya no había de dónde agarrarse, aunque tampoco había movimiento que disparase la adrenalina. Todo parecía abandonado y descuidado, menos la sortija que se conservaba cuidadosamente en una caja fuerte. En el pueblo se decía que era dorada, que el dueño la guardaba como a su propia hija, o incluso más. La música sonaba en el cuarto, yo soñaba con verla, atontado como quien imagina un poco de chocolate en una cruda medianoche de invierno. Llegó el día y el diario en la cara me estrujó la verdad, la sortija no estaba en sus manos, el dueño triste por la muerte de su primer y única esposa, la empeñó por unos cuántos pesos y se compró la botella de vodka más cara. No, no se entregó a la bebida, armó un cóctel molotov...

Estás hablando? Porque no puedo oírte

Leer tus labios? no es una opción, tu irritable expresión no me invita a decodificar tu mensaje. En qué momento perdí la audición? Si escuché tus susurros por la mañana, hasta pude sentir como tus labios se despegaban para decir mi nombre! Será una sordera temporal o por conveniencia? Habré entrenado lo suficiente mis oídos como para obturar aquellas palabras que puedan herirme? Mostrás tus dientes y puedo percibir el aumento del vapor en tu olla a presión, sin embargo, mi sistema se mantiene inmutable. Todo escala sin medida hasta que tu mano abierta impacta contra mi pómulo izquierdo y una lágrima brota en tu pómulo derecho, hasta en eso estamos cruzados. Tu violencia no alcanza para cambiar la tendencia de mi comportamiento, mi pasividad no encuentra techo. Despierto tres noches más tarde, sin tu ropa, sin tus cosas, sin vos.
Te levantaste en dirección al baño y aproveché la oportunidad en soledad para examinar la borra que dejó tu café. Me amparo en la incertidumbre de esta situación, aunque la demencia me exime de toda culpa, no? Un vidrio roto fueron mis ojos al ver que en tu destino no estaba yo, al descubrir que te irás a la metrópolis mientras yo me figuro eternamente en este campo, donde el ruido es la excepción y no la regla. Siento el alma rallada y el cerebro picado, todo pronto para ser tu plato principal. Dudo que bebas mi sangre, esa apología católica no es de tu agrado, pero probablemente brindes en mi nombre con el vino que te regalé, probablemente uses mis colmillos como escarbadientes o mi mano para abanicarte durante el verano. Por vos estoy hecho pedazos, mejor aprovechá lo que puedas, ojalá te sea útil. Saturno devorando a su hijo (1820-1823). Francisco de Goya
Cerré el libro y encontré la madrugada. Por qué no me avisaste? La torta estaba por la mitad, la cuenta paga con la propina en la mesa, todo había terminado. En qué momento te fuiste? No te escuché salir, la puerta es vieja y rechina pero no la escuché quejarse, te evaporaste como el alcohol de mi bebida. Cuánto tiempo pasó? Mi pelo ha crecido, mis piernas se durmieron, el cuello entumecido evidencia una precaria posición. Mi nariz sangra sin un rasguño, mi boca apenas contiene saliva, quiero hablar y mi mente enhebra palabras que mi lengua no puede soltar. Grito y nadie me ve, acaso estoy vivo o ya me fugué? Retrato de Madame Ginoux (1888). Vincent Van Gogh
Mucho perfume, muchos amores, mucho delirio, tibios licores. El festival comenzó temprano, la sortija se regaló en la primer vuelta y las risas con hipo dieron vida a la jornada. Una leche con pocos segundos al fuego arrojó una espuma brutal sin haber siquiera hervido, las pupilas se dilataron ante un pico de azúcar. Hombres y mujeres con poca ropa, pero mucha gracia, bailaban desvergonzados sobre la tierra. No hubo cortes de pelo ni baños de crema para los nuevos, solo un bautismo de fuego con tragos de bienvenida para relajar la moral ajena, para moldearla con la local. Algún escribano certifica lo ocurrido? No te adelantes tanto a un juicio, aquí no hay abogados ni testigos, solo jueces permisivos. Tanz um das Goldene Kalb (1910). Emil Nolde
Podría jurar que vi agua clara cayendo de esa cascada, un hombre sacando el máximo provecho a una pipa gastada, a una madre sostener a su hija sin tener el celular en la mano. Cuándo despertamos de este sueño? Salimos en algún momento de la burbuja que recubría nuestra atmósfera de imaginación? Desconectamos los aparatos de la mente para ver más allá de nuestro cuerpo o las calumnias de esos doctores que aseveran una escapatoria constante son ciertas? Quién quisiera estar 100% consciente y presente en esta realidad? Los despiertos están despiertos y los que sueñan están dormidos? Discrepo. La gravedad es indiscutible y objetiva, los deseos no. Cuando me das la mano en esta balsa sospecho que no necesito nada más, cuando me mirás fijo y tus pupilas me abducen como a un mundano ser humano, siento que el río se llena de lágrimas, que el cielo se hace marrón, que el sol es rojo como tu sonrisa y tus pómulos. El descanso (1932). Pablo Picasso
 Cuando tus pensamientos agarren la correa, como buen perro sabrás que se acerca un paseo, ellos necesitan salir, vos necesitás escribir. Al bajar a la calle, corrés desesperado hacia la plaza, un lugar donde sentarse y un lugar sin tanta gente serán éxtasis en plena locura social. Tus capilares con suerte serán antenas que podrán palpar el humor social, más no los cambios de este humanoide en plena transformación. Descubro una desconsolada masa de energía que reposa con una incomodidad que parece no tener fin. Algo amorfo diría, es una criatura que no está dentro de su huevo para esmerilar su proceso de crecimiento, para aislar el detalle de su transformación a esta sociedad transparente, pública y del espectáculo. Quise acercarme y ladrarle para que algún estímulo movilice sus membranas, acelere su proceso, modifique su conducta, lo vuelva a la vida, o mejor dicho, a donde pertenece. Qué extraños se ven los seres humanos cuando cambian! No se parecen a su versión anterior y hay c...
Atravieso un campo repleto de escombros, mi voluntad me empuja pero mi deseo se aleja acongojado. A cada paso que avanzo se contrae un poco más mi tórax, los pulmones no colaboran y la falta de aire me arrastra hacia un delirio que no puedo manejar. A dónde iré sin mi razón? Cuántos metros soportaré sin tu mano entrelazada en la mía? Curioso brebaje encontré en esa esquina. Sin esperanzas de olvidar, bebo cualquier lata que prometa desvirtuar mis sentidos. La lluvia me envuelve de repente, la gente corre buscando refugio, mis zapatos se hacen agua y te veo pasar de acompañante en el auto de otro hombre. Tu sonrisa se frenó instantáneamente al voltear y verme mojado, esperaba tristeza, más solo llegó tu indiferencia. Me jacto de no sentir mi corazón, pero cuando me abandonaste sentí la angustia en mi pecho, los fuertes golpes del latido en las carótidas, el martillar en mi sien, hasta un zumbido en mis oídos. Me caí de rodillas, de repente tener un cuerpo entrenado no valió nada con el ...
220? 190? 110? Es menester bajar la velocidad, mantener un control constante del pulso, que cada golpe caiga en el momento indicado. Mover antes tres patas que una está en las antípodas de la armonía. El apuro y la desesperación no conducen necesariamente a una mejoría, pues velocidad y seguridad deben danzar al mismo ritmo para no descuidar precisión. En este juego no hay productividad, hay constancia, persistencia y paciencia.
Grato recuerdo vino hacia mí cuando el mar enterraba mis pies en el agua, venía un cangrejo que se ocultaba de la inspección brutal de la luz en búsqueda de la húmeda oscuridad, una hormiga se perdía en la inmensidad de la arena. Por momentos quisiera tener la altura de una piedra para que las pequeñas olas saladas me envuelvan en partículas que vienen amablemente desde una heterogeneidad de puntos cardinales, con una disposición casi sumisa ante la fuerza de las corrientes, sin distinción de su temperatura, sin pretensiones de valores de sodio, sin la búsqueda de la hidratación del agua dulce y potable, aunque lastimosamente con la humana presencia de micro plásticos. El sol calentará la superficie, la tierra enfriará las profundidades, algunas rocas desearán quietud, otras que el agua las desplace de la recalcitrante comodidad, al fin y al cabo, todos somos piedras, todos encontraremos el destino en este mismo mar.
El taco de tu stiletto haciendo jirones el silencio dominical y el humo de tu cigarro despertando mi desprecio en ayunas contribuyeron sin dudas a que hoy transitemos caminos separados. En la ruta íbamos de vacaciones juntos por doquier, me pregunto qué decisión recalculó el GPS de los dos, qué hizo que me abandones en la góndola de este entrañable mercado, en qué momento mi precio se hizo imposible de asumir o bien cuándo cayó tanto que te hizo elegir otro producto a pesar de que mis buenas intenciones valían una ganga. Ambos cambiamos a gran velocidad, nos hicimos líquidos en la piscina, nos escurrimos de cuerpos ajenos y también de toallones compartidos. Nos olvidamos que tras un encuentro tan íntimo, acabamos diluidos el uno en el otro sin destilación que pueda separarnos, recomponernos de manera íntegra tras este vendaval será el desafío del final. Después del desayuno (1890). Elin Danielson-Gambogi
"Solo pido que en este tira y afloje, yo tire y vos aflojes" le dijo un gorrión al árbol mientras hurtaba una rama para su nido. Pasó un mendigo y se sintió aludido, yo vi la escena mientras leía un libro y me vi reflejado. Sí, de pronto me dormí en el parque apoyando la cabeza en mi mochila. Las nubes pasaban rápido fuera de mi vista, el viento las arreaba como ovejas obedientes y el sol se esforzaba por mostrarse ante dichas interrupciones. Un perro que pasaba por ahí creyó iluso que le daría comida, mostré mis manos vacías pero no entendió y quedó a la expectativa. Falta de oportunidades, conflictos de intereses y plenitud de incertidumbres, esa es la acuarela de este lienzo llamado modernidad, pero no te creas que me arrojé con un peso insostenible al mar, sigo tirando piedras al agua hasta que ella se canse y me las devuelva, hasta que el río se evapore por completo sin excusas, sin explicaciones. Me levantaré cuando llegue la noche, cerraré los ojos ante el diluvio, he ...
Como muñeco vudú bailo en tu zona de juegos. A veces tu saliva simula una lluvia, en otras ocasiones mis oídos zumban cuando tus gritos rompen decibeles en mi carne. No sé si puedo escapar, hace un año que estoy en esta situación y las condiciones no han mejorado, solo encuentro una densa niebla londinense a cada paso que doy y relámpagos matinales cuando sopeso la idea de retirarme de este negro escenario. En la esquina encontré un colega con mil alfileres, el pobre no tiene ojos y yace en la misma posición hace meses, sospecho ese será mi futuro. Avizoro un fatal destino de inmenso dolor o bien de pleno entumecimiento por el exceso de tus torturas. Lo peor de todo es que nuestra condición no mejora tu situación, tu postura se mantiene fría como la Antártida e inmóvil como ejército de terracota. La perversión nos ha colmado por completo, cuando te vemos cruzar la puerta sentimos una mezcla de ilusión ya que deseamos tu tacto, pero al mismo tiempo de sufrimiento. Qué histéricos somos, ...
Tomando un café al sol, transpirando el alcohol de la noche anterior. Nunca falta un bolígrafo y un buen anotador para contarle al papel las anécdotas, los pasajes, las dilaciones, los torcidos pensamientos o las trilladas conversaciones entre vibrantes gritos etílicos. Un gruñido de dolor aflora en el corazón mientras busco el caparazón entre los libros, un reparo de este amor. De pronto mi necesidad te suena ridícula pero ciertamente me siento un refugiado corriendo hacia un búnker, oyendo caer las bombas con un zumbido ensordecedor. Todo a mi alrededor cae y vos no sos la excepción, cómo puedo aguantar la respiración, cruzar las calles sin un rastro de pasión? De repente no hay nada, las latas están vacías, las canciones huecas, los labios secos, los ojos sin lágrimas. Las manos soltaron eso que se perdió, eso que nunca llegó. Home escrivint (1916). Nicanor Vázquez
Me distraigo mientras leo nuestro libro favorito y cuento los días que han pasado desde la última vez que te vi. Has desaparecido de mi diminuto mapa, ya no vas a los lugares que frecuentábamos, pero siempre tengo la esperanza de encontrarte entre la muchedumbre. Escucho sugerencias. Debería preguntar con sutileza a tus allegados? Tal vez investigar por mis medios en redes sociales o bien dar un salto cuántico a la locura y contratar detectives! Confío en que podrán seguirte y darme algo de información que de repente me aleje de la desesperación. ----- Desisto, desestimo, que el destino juegue su carta si es que está escrito. He visto a mi artillería callarse, a mis tropas guardar bayonetas y al cuartel bajar la bandera. Remato mis posiciones, vuelvo a casa.
Fumando un largo y denso cigarrillo desde la esquina te veo, como gran perro faldero, no sos nada sin tu dueño. Todo el temor que podías provocar se evaporó como la niebla ante la luz del sol, ya no tengo miedo. De pronto las cañerías de mi sensatez se cortaron con una oxidada hojalata, de pronto mi costado más violento clama por una venganza sin piedad, se dificulta encontrar algún tornillo de compasión en mi caja de herramientas. Respiro profundamente antes de sacar el revolver del bolsillo, los deseos de hacer justicia por mano propia me revuelven las hormonas, no me reconozco. Tu saliva desató en mí, grandes dosis de rabia reprimida a punto de estallar como olla a presión. Que placer verte arrastrarte, que placer engordar tu inquietud, la catapulta se ha tensado y está dispuesta a largar sus piedras contra tu magullado cuerpo. Prepara tu carne para la desgracia! Autoretrato (1912). Otto Dix
Prefiero callar mis oídos, tapar mi boca y no seguir manteniendo esta conversación. Tus palabras de desamor rascan y arrancan un pedazo de mi piel con cada coma, con cada punto seguido. Me pregunto cuánto dura tu discurso, me pregunto si dirás algo bonito capaz de reconstruir mis despojos, pegando así las partes sanas que aún sirven, algo que haya caído en el suelo pero no hayan masticado los cuervos. Pondrás música de fondo para amortiguar los golpes? Tomaremos algo para aminorar la cabalgata de tus caballeros sobre mi carne? Cerca de una muerte o una vida sin vos, suplico la llegada del punto final y quién sabe quizás tenga suerte, quizás quede algo de mí que pueda volver a empezar, regenerar y regresar al punto inicial.
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Me detuve al observar una grieta en el asfalto. Los autos que pasaban junto a los rayos de un sol veraniego, se habían complotado para torturarla de manera despiadada. Hasta la naturaleza contribuyó a dividir sus capas con unas insolentes raíces que se colaron en los huecos más profundos. Me pregunto si alguien más lo habrá notado, me pregunto si está en los planes de algún burócrata bloquear la circulación por el tiempo necesario hasta que esa herida en la avenida sane. Vale la pena hacer un despliegue operativo para tan minúsculo arreglo cuasi estético? Apelamos a que el tiempo haga lo suyo mientras que el viento atrae sedimentos hacia ese hueco, tapándolo de manera "natural" o buscamos el camino artificial para que el hombre de a pie la llene con su inmunda basura cotidiana? La inacción por omisión, por desinterés o mero acostumbramiento de quienes pasamos por allí terminará por delegar todo en la suerte, solo espero que aquella esté de nuestro lado, pues sería una lástima...
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Tic Tac, aquello que no quería ver. Tic Tac, lo que arrastra el mar sin dejar orilla. No creí llegar aquí para presenciarlo, teatro del desastre, magnitud del volcán, herencia que pasa, que pesa, papeles que caen, momentos entrelazados, sincopados sentimientos, desgarrados corazones. Que fortuna me espera si la niebla cubre lo que viene? Qué mecanismo se oculta tras esos patrones? Qué madurez le aguarda al fruto podrido y vencido? No comprendo, no pretendo, no espero, no niego, ACEPTO . Módica costumbre, mísera recompensa, herida con tendencia a la profundidad, laberinto de caminos cerrados, de estrechas esquinas, se sabe impenetrable, con deseos permeables, con infinitos lamentos, con fortuitos despegues de sensatez, con curiosos pozos que guardan pensamientos cautivos, rayos de sol en forma de raíces pujando desde el centro, eclipses en capas geológicas que rechazan estímulos. Number 1 (1950). Jackson Pollock
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Escucho voces, no siempre, todo se desencadena cuando te vas de mi casa mascullando reproches y palabras que no decís para evitar peleas innecesarias. No estoy drogado, quizás un poco demente pero con la suficiente sensatez para afirmar que mis paredes hablan. Cuando apoyo mis manos por los recovecos, testigos de nuestra carne, percibo ecos de los mejores y peores momentos. Por desgracia soy humano y recuerdo con más relevancia lo negativo, aunque nuestra sublime imagen se apoya en el trampolín de la nostalgia y con la ayuda de tu paciencia, las nubes se disipan. Logramos acortar las diferencias en una mesa pequeña con mates y bizcochos, busco tus manos, te miro a los ojos, no pienso en otra cosa, el mundo desaparece, somos nosotros dos en un búnker antimisiles, antidisturbios, "anti dolor" Coppia al caffè (1885). Federico Zandomeneghi
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Quiera dios que me muerda la lengua antes que recitar tu nombre junto a un adiós. Bien supongo que el olvido elaborado en terapia será el puntapié definitivo para catapultarme de vos. No respondo ante el desesperado impulso de aferrarme a cuestiones exageradas que me mantengan en tu mesa, sosteniendo una copa que algo le queda. Empero, por qué no podemos seguir en esta fiesta si la casualidad nos encontró y nadie nos espera? Las pesadillas me persiguen y solo un despertar abrupto me libera de este martirio, al menos estás conmigo, al menos tu cuerpo yace desnudo junto al mío, por el momento tengo tu olor en mi cuello, por el momento el frío entre nosotros no llega a hacer hielo, que alguien congele el tiempo, que alguien me arrebate la inseguridad en este desvelo. Oficina en una ciudad pequeña (1953). Edward Hopper

Arrojo una moneda al aire y en lo que tarda en caer te observo

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Detecto un juego peculiar en tus costumbres. Atás una cinta roja en el rizo más alto de tu cabello y dibujás en tus uñas con el lápiz negro que te presté al conocerte. Al darte vuelta justificás que así llevás un poco de mí a dónde vayas, aunque en el fondo sé que es un artilugio poético. Pero es que en tus labios queda tan bien que decido guardarlo entre los más preciados recuerdos. Doblás el boleto del ómnibus haciendo origamis aleatorios y los dejás en el asiento al levantarte. Sufrís cuando una señora se sienta encima ignorando el mensaje y aplastando tu creación, pero te llenás de felicidad cuando un niño lo nota y juega con él, realmente te hace feliz hacer feliz al resto. Otro de los agasajados fui, soy y seré yo, que atento miro tus manos cuando revuelven tus bolsillos, intentando adivinar que truco vas a hacer ahora, como si fuera el espectador de una varieté y vos fueras la artista que entre brillos y movimiento se lleva la marca de quienes tiene enfrente. Decís que el aburri...

2 de enero

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El motor y los intensos frenos de los ómnibus marcan el comienzo de la actividad, los pies de la gente bailan nuevamente la danza de la productividad, aunque algo más lento que hace unos días. El corte entre diciembre y enero tiene un impacto directo en nuestras mentes, a pesar de que no haya una gran diferencia temporal en días, objetivamente hablando. Estamos en la base de la montaña y empezaremos a empujar la piedra de a poco y con las ganas renovadas, se han reiniciado los contadores de hartazgo, se han renovado votos de confianza, se recargaron las botellas de esperanza y se vaciaron los estimulantes que supimos consumir. El ruido de los ómnibus es el disparo de largada de un nuevo año, sin dudas empieza la carrera, aunque, no hemos estado toda nuestra vida en la competencia?