Grato recuerdo vino hacia mí cuando el mar enterraba mis pies en el agua, venía un cangrejo que se ocultaba de la inspección brutal de la luz en búsqueda de la húmeda oscuridad, una hormiga se perdía en la inmensidad de la arena.
Por momentos quisiera tener la altura de una piedra para que las pequeñas olas saladas me envuelvan en partículas que vienen amablemente desde una heterogeneidad de puntos cardinales, con una disposición casi sumisa ante la fuerza de las corrientes, sin distinción de su temperatura, sin pretensiones de valores de sodio, sin la búsqueda de la hidratación del agua dulce y potable, aunque lastimosamente con la humana presencia de micro plásticos. El sol calentará la superficie, la tierra enfriará las profundidades, algunas rocas desearán quietud, otras que el agua las desplace de la recalcitrante comodidad, al fin y al cabo, todos somos piedras, todos encontraremos el destino en este mismo mar.
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