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Mostrando las entradas de noviembre, 2018

Impaciencia

Muevo el pie de izquierda a derecha, lo flexiono, enderezo los dedos. Miró mí celular, ninguna notificación, miro la hora, guardo el celular, vuelvo a sacarlo porque creo que llegó un mensaje, lo guardo ofuscado, fue la vibración del colectivo al estar detenido. Miro acá, miro allá. Hago sonar el cuello, de un lado, del otro.. Escucho que hablan por teléfono, escucho la conversación, miro hacia arriba, miro hacia abajo, acomodo el auricular, suena más fuerte, me consta que se estaba soltando. Acomodo el pelo, bostezo, acomodo mis anteojos, los limpio ya que están empañados, y sucios, vale decir.. El polvillo del camión que pasó se adhirió como por arte de magia. Apoyo una nalga, apoyo la otra, apoyo un pie, apoyo el otro, busco mí ubicación en el mapa, calculo cuánto falta para llegar a destino. Hago sonar mis dedos,ajusto mis anillos, me indigna ver 60 segundos y el semáforo en rojo, quiero y necesito verde. Verde, verde campo  fuera de esta ciudad. Bostezo, me duermo......
Sube la hormiga por el metatarso descubierto del pie derecho, sube en fila inalterable, una procesión perfecta, sube más rápido hacia el tobillo, y ante cualquier adversidad usa tus colmillos sin dudarlo, alimenta el masoquismo mejor guardado por mí inconsciente y déjame una marca que atestigüe de tu marcha por mí cuerpo.

Despertar

Cuando tus ojos vuelven a la vida, y no ven más allá de ellos, Y tu sonrisa aún dormida no logra salir. Tus cejas marcadas, acostumbradas a una misma posición, y el enojo incomprensible de tu regreso se manifiesta, no dejes que los otros te comparezcan, solo demuéstrales que tu sueño fue profundo, que las cicatrices de tus ojos se arreglaron y que no hacen falta fundamentos para interpretar tu mal estado de ánimo.

Los pies

Ocultos dentro de estos zapatos,   Abrigados bajo estas medias,   Endurecidos tras tantos años..   Aquí están mis pies.   Mis pies que están sucios, que con la tierra se humedecen, se alegran de pisar el pasto, de estar guardados están hartos, de tanta alfombra, y sin respiro.   Con el talco envejecen, y mi piel compadece, los tobillos que empujan, respiran si las medias los dejan.   Mis pies que están quietos, sin movimiento porque yo no los muevo, no bailan bajo este techo ni aunque el cerebro este contento.   Solo apoyan, aguantan como el gran atlas el peso de los días, más de la semana, y aunque amanecen felices, sobre almohadones en la mañana, anuncian los dolores en las plantas.