Me detuve al observar una grieta en el asfalto. Los autos que pasaban junto a los rayos de un sol veraniego, se habían complotado para torturarla de manera despiadada. Hasta la naturaleza contribuyó a dividir sus capas con unas insolentes raíces que se colaron en los huecos más profundos. Me pregunto si alguien más lo habrá notado, me pregunto si está en los planes de algún burócrata bloquear la circulación por el tiempo necesario hasta que esa herida en la avenida sane. Vale la pena hacer un despliegue operativo para tan minúsculo arreglo cuasi estético? Apelamos a que el tiempo haga lo suyo mientras que el viento atrae sedimentos hacia ese hueco, tapándolo de manera "natural" o buscamos el camino artificial para que el hombre de a pie la llene con su inmunda basura cotidiana? La inacción por omisión, por desinterés o mero acostumbramiento de quienes pasamos por allí terminará por delegar todo en la suerte, solo espero que aquella esté de nuestro lado, pues sería una lástima...
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Mostrando las entradas de enero, 2025
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Martín Bassi
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Tic Tac, aquello que no quería ver. Tic Tac, lo que arrastra el mar sin dejar orilla. No creí llegar aquí para presenciarlo, teatro del desastre, magnitud del volcán, herencia que pasa, que pesa, papeles que caen, momentos entrelazados, sincopados sentimientos, desgarrados corazones. Que fortuna me espera si la niebla cubre lo que viene? Qué mecanismo se oculta tras esos patrones? Qué madurez le aguarda al fruto podrido y vencido? No comprendo, no pretendo, no espero, no niego, ACEPTO . Módica costumbre, mísera recompensa, herida con tendencia a la profundidad, laberinto de caminos cerrados, de estrechas esquinas, se sabe impenetrable, con deseos permeables, con infinitos lamentos, con fortuitos despegues de sensatez, con curiosos pozos que guardan pensamientos cautivos, rayos de sol en forma de raíces pujando desde el centro, eclipses en capas geológicas que rechazan estímulos. Number 1 (1950). Jackson Pollock
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Martín Bassi
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Escucho voces, no siempre, todo se desencadena cuando te vas de mi casa mascullando reproches y palabras que no decís para evitar peleas innecesarias. No estoy drogado, quizás un poco demente pero con la suficiente sensatez para afirmar que mis paredes hablan. Cuando apoyo mis manos por los recovecos, testigos de nuestra carne, percibo ecos de los mejores y peores momentos. Por desgracia soy humano y recuerdo con más relevancia lo negativo, aunque nuestra sublime imagen se apoya en el trampolín de la nostalgia y con la ayuda de tu paciencia, las nubes se disipan. Logramos acortar las diferencias en una mesa pequeña con mates y bizcochos, busco tus manos, te miro a los ojos, no pienso en otra cosa, el mundo desaparece, somos nosotros dos en un búnker antimisiles, antidisturbios, "anti dolor" Coppia al caffè (1885). Federico Zandomeneghi
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Martín Bassi
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Quiera dios que me muerda la lengua antes que recitar tu nombre junto a un adiós. Bien supongo que el olvido elaborado en terapia será el puntapié definitivo para catapultarme de vos. No respondo ante el desesperado impulso de aferrarme a cuestiones exageradas que me mantengan en tu mesa, sosteniendo una copa que algo le queda. Empero, por qué no podemos seguir en esta fiesta si la casualidad nos encontró y nadie nos espera? Las pesadillas me persiguen y solo un despertar abrupto me libera de este martirio, al menos estás conmigo, al menos tu cuerpo yace desnudo junto al mío, por el momento tengo tu olor en mi cuello, por el momento el frío entre nosotros no llega a hacer hielo, que alguien congele el tiempo, que alguien me arrebate la inseguridad en este desvelo. Oficina en una ciudad pequeña (1953). Edward Hopper
Arrojo una moneda al aire y en lo que tarda en caer te observo
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Martín Bassi
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Detecto un juego peculiar en tus costumbres. Atás una cinta roja en el rizo más alto de tu cabello y dibujás en tus uñas con el lápiz negro que te presté al conocerte. Al darte vuelta justificás que así llevás un poco de mí a dónde vayas, aunque en el fondo sé que es un artilugio poético. Pero es que en tus labios queda tan bien que decido guardarlo entre los más preciados recuerdos. Doblás el boleto del ómnibus haciendo origamis aleatorios y los dejás en el asiento al levantarte. Sufrís cuando una señora se sienta encima ignorando el mensaje y aplastando tu creación, pero te llenás de felicidad cuando un niño lo nota y juega con él, realmente te hace feliz hacer feliz al resto. Otro de los agasajados fui, soy y seré yo, que atento miro tus manos cuando revuelven tus bolsillos, intentando adivinar que truco vas a hacer ahora, como si fuera el espectador de una varieté y vos fueras la artista que entre brillos y movimiento se lleva la marca de quienes tiene enfrente. Decís que el aburri...
2 de enero
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Martín Bassi
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El motor y los intensos frenos de los ómnibus marcan el comienzo de la actividad, los pies de la gente bailan nuevamente la danza de la productividad, aunque algo más lento que hace unos días. El corte entre diciembre y enero tiene un impacto directo en nuestras mentes, a pesar de que no haya una gran diferencia temporal en días, objetivamente hablando. Estamos en la base de la montaña y empezaremos a empujar la piedra de a poco y con las ganas renovadas, se han reiniciado los contadores de hartazgo, se han renovado votos de confianza, se recargaron las botellas de esperanza y se vaciaron los estimulantes que supimos consumir. El ruido de los ómnibus es el disparo de largada de un nuevo año, sin dudas empieza la carrera, aunque, no hemos estado toda nuestra vida en la competencia?