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Mostrando las entradas de enero, 2024
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Cuán lejos podemos escapar de un lugar físico sin químicos mediante?  De repente los sentidos se comprimen, se amalgaman y uno pasa a formar parte del paisaje y del ambiente sin sentimientos aparentes, pues el secuestrado no siente de repente más que lo que su captor quiere que sienta, casi como una sincronización con el director de orquesta, donde todo se desplaza sin más en un compás al son de su batuta y sus manos y brazos precisamente elevados y deprimidos, son sensibles al baile y al rebote de un rodete de bailarina clásica, que se vuelve a su vez un mero instrumento de la música. Hay sospechas de blancas y negras, parece un ajedrez pero sin corcheas, reconoce en el espejo la voluntad del giroscopio, retratado por la precisión de un relojero a punto de morir, de partir hacia su última reparación.
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De nada vale hacer leña de un árbol caído, más bien figúrate de salvarlo, de curarlo, de trasplantar sus raíces, de darle una nueva vida. Cuando ese árbol vuelva a su máximo esplendor, recordará que únicamente vos lo salvaste y estuviste allí cuando el resto lo ignoraba. Claramente que el árbol debería ser agradecido y considerado pues hay árboles que crecen junto a una varilla o sostén y se olvidan de su apoyo cuando logran un tamaño considerable, empero, no es natural que así sea? Debemos recordar y agradecer eternamente? No, claro que no, pero los favores se pagan, se recompensan, "hoy por ti, mañana por mí", "una mano lava la otra". Es la apuesta más grande donde el Estado, Nación o País genera deudas en cada ciudadano y se transforma silenciosamente en su acreedor. Y la clave justamente está en el silencio, en lo implícito, está en que él se "auto-interpele", se flagele y se castigue. Con esto, la voz de su conciencia no podrá ir aunque quisiera, en c...
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Esta mañana encontré piedras encalladas en la playa. Diferentes tamaños, diferentes colores. Algunas tenían varios años, otras estaban recién instaladas y otras en cambio estaban por desaparecer. Su origen tambíen variaba, algunas las trajo el mar, otras las cargaste vos desde tu nacimiento, mientras otras las colocó la vida misma, a través de personas o sucesos. Si fuera creyente diría que algunas de ellas se parecen a los talentos de la biblia, pero es más amplio que eso, hay cicatrices, enseñanzas, valores, aspectos, características, heridas que aún duelen y hasta rasgos que desaparecen, pues nuestra vida es una transformación constante y sonante, y lo que ya no somos simplemente se lo lleva el viento, algunas de un plumazo, mientras otras se erosionan lentamente. Que bonito sería tener en nuestra playa tantas piedras como sea posible. Dicho de otra manera, que la muerte nos encuentre con más piedras en la playa y menos piedras en el alma.
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La muerte por correspondencia produce desconcierto, llanto, la necesidad de viajar, la imposibilidad de hacerlo en función de la rutina y de la distancia que siempre aprietan pero que en situaciones apremiantes de este calibre, logran vestirse de un capricho pocas veces visto. Presenciar una muerte es diferente, es algo increíblemente doloroso. Ver como el último suspiro de un ser querido escapa de su boca, notar como su cuerpo comienza poco a poco a enfriarse, su corazón se detiene y su sangre deja de moverse para estar solamente depositada en sus venas, como si de un envase se tratase. En ese instante solo queda un frío final y el silencio más insoportable, interrumpido por el llanto más profundo de nuestro egoísmo, por nuestra impotencia, por la desgracia. La segunda etapa del silencio es una fría aceptación, teñida de esporádicos sollozos que vuelven de la mano de los recuerdos recientes. La tortura de la memoria de corto plazo y su retorno recurrente moverán la daga clavada en nue...

Querida Milly

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Querida Milly, he de confesarte que he estado profundamente triste. Asesino el tiempo libre de una manera penosa. Entretengo la mente con dilaciones que no espero completar y con alguna copa de vino que planeo terminar. Bien sabrás que el sentimiento de desamparo trae aparejado una desorganización brutal de la rutina. Debería comer? Debería afeitarme? Debería levantarme de la cama? De repente extraviamos la motivación para las cosas más esenciales y humanas y nos vemos reducidos a esqueletos rellenos de piel muerta, que despiertan bajo la tiranía del ritmo circadiano. Recuperaremos acaso la sensibilidad para pasar de la indiferencia, de la ataraxia, de la incomunicación a la acción? Sé que son momentos desagradables que hay que transitar y que la clave está en resistir.
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Humedezco la pluma en el tintero y a velocidad de crucero me dejo llevar por los pensamientos. Al igual que unas manos rápidamente se deslizan por el piano, mi pluma redacta sin detenimiento los pálpitos entreverados y sincopados de mi corazón. Él late, yo escribo. En una fugaz taquicardia descubro más sentimientos que en toda una vida buscándolos. Me invade una carga de caballería, adrenalina y artillería, la guerra relámpago de palabras encuentra ventaja a pesar de la tierra arrasada. Tomo lentas bocanadas de aire para seguir escuchando su clara protesta, su ajetreada propuesta, más tengo miedo de moverme y alterar la cadencia. Mis manos conocen el teatro de operaciones, comandan movimientos automáticos desde el tintero al primer renglón y cuando caen en el abismo, en la cólera del espacio, cambian súbitamente de hoja y como en un carrusel, todo vuelve a empezar.

Inercia, gravedad o destino?

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Caigo igual que una manzana en las manos de quien la levanta, pero no es gravedad, no en mi caso. Es similar a caer en arenas movedizas, claro, si los límites del desierto fueran labios de mujer y yo fuera una brochette sumergida en una fondue. Pero discrepo, no estoy sometido, no me encuentro esposado, condenado y de camino a la silla eléctrica. Una parte de mi, elige caer a voluntad, elige ser el bloque de concreto que mantiene mi envase en la profundidad de esas aguas. La analogía que más se le parece es la de dos imanes. Estamos hechos de un material que permite la unión, pero además, la polaridad también importa y ciertamente somos muy distintos. Ahora digo, qué fácil sería poder reducir todo a dicha característica, a la naturaleza. Pero somos más que imanes, o al menos más racionales que ellos y es dicha racionalidad la que puede alterar, aumentar o disminuir la unión. Separar mis labios de los tuyos, mis brazos de tu cintura, desentrelazar nuestros dedos y despegar cada partícul...
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Reboto una pelota bañada en barro contra la pared blanca del vecino, que puede salir mal? Cada rebote es un nuevo trazo, una intervención del artista que llevo dentro, como así también una transferencia, pues tanto la pelota (mi pincel) como mis manos, dejan de estar sucias, todo queda plasmado en este lienzo que es la pared. Los impactos están muy dispersos, de repente pienso unirlos de manera abstracta. Mi plan es detenerme cuando me quede sin tinta, masajear la pelota entre las manos y observar las figuras. Quizás, solo quizás, consiga entretenerme con mi propio Test de Rorschach creado a pulmón, a barro, pero sobre todo, con imaginación.

Nuboso

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Las nubes negras cayeron sobre nosotros esta tarde de verano, trayendo el frío donde debía hacer calor. Resulta que esta noche ni las publicidades quieren iluminar mi cara envuelta por la amargura burocrática. En tan solo unos minutos, chorrea por mi envase el hartazgo como helado en pleno sol. No alcanzan palmadas en el hombro, frases prefabricadas o galletas de la fortuna cuando el tambor del alma quiere detenerse. Mis manos buscan refugio en los bolsillos, doblo esquinas a toda velocidad en ángulos cerrados, intentando no llamar la atención. Casas por doquier emanan un cálido olor a comida (es la hora de la cena) pero mi alegría de niño hambriento explota como pompa de jabón al recordar que todas esas puertas están cerradas con cerrojos que no tienen mi nombre. Para peor, caigo en la cuenta de que tu casa está muy lejos de aquí y mis esperanzas de ser recibido en algún lugar caen lentamente como la arena de tu reloj hasta taparme por completo. Quería un poco de luz para alegrar la n...
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Te crucé justo donde se encuentran la veterinaria y la oficina de seguros de hombres bien trajeados. Venías algo confundida, a paso lento, pero levantaste la mirada y te acomodaste el pelo. Serás del barrio? Algo perdido, retomo mi pensamiento original. Tenía latas de tomate en la alacena? No recuerdo. Días más tarde, esquivando facturas impagas frente a la casa abandonada, te crucé y "Tiene que ser del barrio" pensé. Humedeciendo el labio superior con la lengua y jugando con la barba incipiente meditaba y de pronto me sentí un sommelier al decir: Huelo notas de vainilla!, serán de ella? Brotan desde ese árbol, o simplemente vienen desde la panadería? No sé nada de perfumes, mucho menos de plantas, elijo el camino más sensato. En el cruce de esos largos semáforos te crucé y nos quedamos esperando como niños a que suene el timbre del recreo. "Tenía que ser" me dijo mi mente, era del barrio. Semáforo en verde, verde para el motor de mis piernas. Metros delante, me ent...
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 Habíame convencido de que debía marchar siempre hacia arriba. Las escaleras me llevarían hacia una atmósfera más limpia, el viento de las alturas me envolvería como un paquete de flores para el día de la madre, y el ruido de la calle se escucharía tan despacio que me sentiría en el campo, aunque sentado en el pasto sintético de la terraza. Pero, se puede vivir mirando como el mundo sangra desde la comodidad de una torre de marfil? Podré subir cada vez más alto o de buenas a primeras, la hélice de un helicóptero me cortará la cabeza? La modernidad me obligará a torcer el cuello con sus techos de cristal, dejándome una espantosa tortícolis y una desesperanza cada vez más palpable.
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Luces verdes, rojas y azules parpadeaban fuera. Mi niño interior emocionado creyó por la fecha en la que estamos que acudiría al paseo de un árbol navideño callejero, pero una desagradable sorpresa lo hizo volverse a su cuarto. La policía y la ambulancia estaban ahí. Acciones rápidas, parálisis, caras compungidas, caras serias y acostumbradas a ver sangre correr por las calles colisionaron en la esquina traicionera o peligrosa. La desesperación por dar un movimiento contundente y acertado en el tablero de la medicina opacaban los reclamos legítimos de unos ciudadanos que, superada la etapa de shock, canalizaban la rabia y la tristeza como indignación hacia los gobernantes. Los semáforos que no se colocan, los lomos de burro que nunca llegaron o alguna señal de cruce peligroso que se extravió en la penúltima tormenta y nunca volvió a emplazarse. El dolor inconmensurable, los sollozos de la víctima, y la repugnante y por desgracia cercana posibilidad de que la muerte se manifieste ante é...
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Mueve los dados sacudiendo el cubilete, ruega sacar el número más alto. Al azar se suman pochoclos en la tribuna, sonrisas y alguna que otra apuesta oportuna. Una dinámica entre diversión y azar que acabará por embriagar a los apostadores y devorar a los jugadores. Un nuevo participante ha sido convidado a la mesa, pero los comensales no parecen muy contentos de compartir lo poco que queda con alguien más. El invitado hace buena letra, empatiza con quienes están a su lado, trata de sumar, pero a veces, las sumas restan. Las mujeres refuerzan su labial, los hombres repeinan su barba, unas curiosas y otros atentos, a la espera de un impacto que Dios mediante no ocurrirá o al menos no de una manera agresiva, posiblemente complementaria. De manera positiva o negativa ambas posturas deben refugiarse en una ansiedad que los comulga, que los iguala. Las mejores apuestas son aquellas que prometen una gran ganancia o una gran pérdida, pero sin comprometer los activos de quien apuesta. Acaso qui...