Fumando un largo y denso cigarrillo desde la esquina te veo, como gran perro faldero, no sos nada sin tu dueño. Todo el temor que podías provocar se evaporó como la niebla ante la luz del sol, ya no tengo miedo.

De pronto las cañerías de mi sensatez se cortaron con una oxidada hojalata, de pronto mi costado más violento clama por una venganza sin piedad, se dificulta encontrar algún tornillo de compasión en mi caja de herramientas. Respiro profundamente antes de sacar el revolver del bolsillo, los deseos de hacer justicia por mano propia me revuelven las hormonas, no me reconozco. Tu saliva desató en mí, grandes dosis de rabia reprimida a punto de estallar como olla a presión. Que placer verte arrastrarte, que placer engordar tu inquietud, la catapulta se ha tensado y está dispuesta a largar sus piedras contra tu magullado cuerpo.


Prepara tu carne para la desgracia!


Autoretrato (1912). Otto Dix

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El lecho.- (boceto)