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Mostrando las entradas de mayo, 2024
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No hay censura más eficaz que la impuesta por uno mismo. Quiero hablar, pero no quiero ser oído, quiero escribir pero mis palabras tan cargadas de metralla dejan charcos de sangre a su paso. Se necesita responsabilidad y mesura para no lanzar oraciones desafortunadas en cualquier dirección. No quiero herir los tímpanos de quienes tienen la sensibilidad y la amabilidad de oír, tampoco quiero irritar los ojos ni estimular lagrimales a mansalva, mucho menos provocar descargas de kilos y kilos de fuerza de mandíbulas, aunque sí me declaro totalmente culpable de desenredar pensamientos, de pretender ser el príncipe de bellas durmientes cerebrales o de avivar las llamas de los hornos de la memoria. Maldito sea el escritor de mi destino que no tuvo conmigo la compasión que yo tengo con el resto! Malditos los pensamientos que se alborotan y canturrean rogando salir a través de mis dedos, pues si no hay tinta, empañaré un vidrio y escribiré con mi aliento, o bien con un palo escribiré el solilo...

Las diferencias flotan como botellas, las similitudes se hunden en lo profundo

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"Las diferencias flotan como botellas, las similitudes se hunden en lo profundo" Esa fue la enseñanza que me dejó la pared escrita la noche anterior, la noche que la policía transformó al artista en delincuente. Me esfuerzo por sacarle punta al lápiz, por destripar las cáscaras de esta pared, pero la humedad ya vive dentro de mi y los hongos se han parapetado en las ideas, se han enquistado en las paredes de mis pulmones. Respiro muy de a poco, no reconozco el sol sin importar la estación. La posverdad me muestra escarcha en verano y nieve en invierno, pero nada es producto de mi imaginación. Cómo puedo emprender la revolución sin aliento? Cómo puedo jurarle al mercado ser competitivo si mis manos se llenaron del líquido que no tomé, por miedo a caer en la inmoralidad? Que alguien me socorra y me resguarde de las religiones, que me querrán abatido para reclutarme en sus filas; de la política que me pondrá del lado del tirador o de cara frente al paredón.
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En la antigua casona, donde la noche no conoce su fin, compartimos el mismo espacio, respiramos el mismo aire, aunque por desgracia no nos encontramos. Cada uno baila en un salón, cada uno practica sus movimientos en el aire, conjuga una pareja en solitario y por momentos me pregunto si podríamos unirnos en este rompecabezas social. Voy hasta la barra por una bebida, gravito como un planeta a tu alrededor, pero siempre me das la espalda. En el lado oscuro de tu luna se esconde la intriga, crece la curiosidad, se impone la incertidumbre y a su vez el hermetismo. Dejás rastros dispersos y cuando creo entenderlos, el patrón cambia, un callejón sin salida, una nueva espera, se hace día y espero como adolescente que sea la noche para verte florecer.
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Adelante soldadito, la valentía te anima a dar un paso hacia adelante, dos hacia el costado y tres hacia el frente de batalla. Súbete a un tanque o a un avión, tal vez no quieras volver, tal vez no debas volver. Que tal un submarino? La profundidad de tu alma hace juego con el océano. Adivino las palabras que te hacen reír, pero nadie las puede decir, ella está muy lejos, ella es un bosquejo entre las pinturas de tu atril. La recompensa llegará en otra vida, la incómoda paz de la rutina, el resentimiento no se va con nicotina, menos aún con la bebida. Adoro los finales felices, pero nunca participan quienes dan las directrices. De haber sabido como terminaba la historia hubiera elegido la demencia como salida de emergencia, entregando a la eternidad mi memoria.
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Se dice que somos todos iguales ante el Señor pero no todos somos iguales ante la luz de las viejas calles de esta ciudad. Mientras que la sombra de aquella dama da orgullo y denota un elevado status, la sombra sin sombra de un pobre miserable dará lástima y vergüenza social o colectiva. Se buscará obturar los focos que expongan los defectos de esta corrugada sociedad, necesitaremos edificios para confinar a las almas descarriadas, improductivas e incómodas, pues no es deseable la piedra en el engranaje social, solo se busca aceitar los mecanismos.
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Soñé que era un hombre. Tenía pelos en los brazos, en las piernas, tantos que hasta por momentos me creía mono. Me encontraba en una plaza, recostado sosteniendo una copa de vino en la mano derecha y apoyado en la otra. Miraba por encima de un parapeto jugando a identificar los olores que traía el viento, pero el destino no siempre es grato y me regaló una intempestiva pareja que pinchaba burbujas de silencio a cada paso, y vaya que eran expertos. De sus gargantas brotaban solo miserias, motivo suficiente para desear la muerte de mi bebida, para vaciar el envase y retirarme de allí, pues la paz que había encontrado se había escurrido. Soñé que era un hombre, aunque me sentía como un gorrión que no consigue llevarse la miga de pan que tanto trabajo costó encontrar, por miedo a las bulliciosas intervenciones humanas. Soñé que era un hombre, pero desperté y para bien o para mal, era verdad.
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Ayer un inmenso caos, hoy un silencio en la penumbra. Decibeles en pinceladas se manifiestan en mi casa: un sorbo de sopa, un ruido de mate, el temblor recordando aquel placer y la gotera que se esmera por penetrar cada rincón de estas 4 paredes. La caldera se olvidó de silbar, el corazón se olvidó cómo latir, mis piernas solo soportan el peso de mis codos y en consecuencia, mis manos el de mi cabeza. El frío del otoño congela esta postura, mientras que la niebla de mayo me esconde como el sol entre las nubes. Nada es como era antes, nunca lo fue, pero de repente alguien acelera la máquina de la vida y la espiral se empecina por llevarnos en ella, perdemos el ritmo de los cambios, la oruga desea envolverse en un capullo ya roto y el niño debajo espera una mariposa en ese preciso instante. Quién está fuera de lugar? Alguna que otra decepción florece y no todos logran estar contentos. Esta vez el Rey Midas no pudo convertir en oro todo lo que tocaba o deseaba.