A cada paso me deshago, el cuerpo se separa de los brazos, ya no los cree necesarios.
Mientras tanto yo protesto: "quién o qué sostendrá ese libro? Es que acaso ya no querés leer más?" Y el cuerpo terco y obstinado se mueve sin mirar atrás. Le toca el turno a las pestañas: "pero cómo evitaré que mis ojos sigan abiertos sin ser víctimas de la basura del universo?" Y la respuesta nunca llega. En un acto de osadía deja caer el pelo y molesto mascullo: "muy adecuado para mi edad... Las piernas seguro se mantienen para poder seguir escapando a ningún lado". Al final, se caen mis dientes, los labios, todo lo que ocupa el radio de mi nariz se ve desplazado por una masa amorfa de piel sin cuartel. Kilómetros de una tela que no distingo me cubren entre la lluvia que ha decidido caer. Me arrastro y el diluvio me diluye, me aferro a las ramas de un árbol, pero la corriente es más eficiente que mi voluntad. Fluyo con el agua, me escurro por la caída natural de esta calle, como galleta me desarmo y caigo por los agujeros de la alcantarilla. Ya no seré más que arcilla mezclada con el barro de la profundidad, seré tal vez sedimento en el jugo de otra persona, volveré a crecer, volveré a creer.
Untitled. Zdzisław Beksiński
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