Tu puerta estaba entreabierta y de manera imprudente, la curiosidad me invitó a pasar.
El reloj ocupaba el espacio con su latido y su estridente sonido delataba que nadie estaba dentro, mis nervios se dispararon y sentí la fría sensación de que estaba invadiendo tu intimidad. Volví sobre mis pasos y dejé mi olor y un cabello al toparme con la campera del recibidor. Cerré la puerta, dejando las huellas en el picaporte, miré hacia el ángulo superior del pasillo y la cámara me registró plenamente en su cinta, esquivé su mirada pero ya era tarde. Aparecí en la escena del crimen, salí en tus diarios, fui el principal sospechoso de haber manchado tu más pura ideología con mis cuestionamientos y tu inocencia con la rebeldía de ideas antiguas y malditas. Las pruebas me encuentran culpable.
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