Agraciado el ser que puede relajarse a ser un simple espectador de la lluvia, a dejar sus pies en remojo por encima del húmedo y ordinario pasto, tomando un mate, sin que haya otras prioridades, publicidades o imágenes en su cabeza. Que se toma el tiempo de contar las vanas gotitas que emana ese cielo oscuro, de esas nubes que chocan entre sí, y que al ver superada su capacidad ante tal caudal de agua, estalle de una risa infantil como cuando aprendía los números y los recitaba acelerados para impresionar a quienes le prestaban atención. Mientras relato mí tarde libre, se va vaciando el termo y ya tengo una cortina de agua ante mí presencia, no importa la urgencia con la que me reclame el teléfono, ni las noticias que se acumulen sin leer, ni los ruidos del minutero sin lubricar, algo me retiene, me mantiene afuera, afuera de todo aquello que genera ansiedad, cerca del verde que me rodea. Encontré en la gotera una manera de contar segundos, mí inconsciente quiere saber si pasa el ti...
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Mostrando las entradas de octubre, 2019
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Martín Bassi
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Unos iban y otros venían, con velocidades diferentes, especiales. Algunos frenaban para leer el diario, otros se detenían únicamente en la sección de espectáculos y otros miraban el teléfono. Al final, lo que yo necesitaba era llegar a mí destino, cumplir con mí deseo de verla, pero por desgracia mis logros dependían de estos seres inanimados, inexpresivos, de reacciones digitales, con corazones, pulgares hacia arriba y caritas sonrientes. Cuando llegué, me topé con anteojos negros y un dulce zigzagueo por toda la metrópoli, mis ojeras se volaban audaces con el viento como así también la belleza que percibían aquellas mujeres de mí. Al llegar, una rama me frenó de la manera más agresiva, rajandome la camisa que en un trueque vulgar con un pirata del asfalto me costó un bello televisor. No había perdido mucho, había ganado salud al no ver más al pelado amargado portavoz de malas noticias. Por lo pronto, me cobré un par de risas que me sumaron puntaje, o eso creía... Infle el pecho...
El tiempo
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Martín Bassi
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Quisiera poder cambiar la Realidad. Que los momentos no duren tan poco como el estruendo de un fuego artificial en navidad o como el sabor del vino tinto en el paladar. Que el pelo no se caiga tan rápido, que la barba no se haga tan blanca o que a mí piel le cueste más hacerse jirones. Mis venas se achican, colapsan como arterias de autopistas, el tráfico de dolores, placebos y pastillas, viajan a paso de hombre por todo el torrente sanguíneo. No hay cura para el paso del tiempo, no hay santo remedio, no se puede girar en sentido antihorario, como un reloj casero, ni embriagar al segundero para que detenga a sus compañeros, ni drogar al minutero para que se revele ante el horero. En todo esto hay algo que acribilla mis pensamientos, me quita el sueño y me hace perder tiempo. Por qué me preocupa tanto el tiempo? Por qué corro como galgo detrás de una liebre de juguete o como pollo sin cabeza? Por qué escribo sobre esto que me aqueja mientras observo el reloj de mí pieza? La lecc...
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Martín Bassi
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Si de pronto me gana la tristeza, y no puedo sostener tu mirada ni tapar el sol con el dedo, no creas que perdí aquello que me identifica, aquello que levanta los pies de mi cama, aquello que me impulsa a enfrentar la mañana. ¿Quién puede juzgar el camino frío que tomé, donde todas las flores tienen mi cara, y el trabajo está en cada pantalla? Es que pocos entienden que es mi futuro y que me la juego entera, que es a todo o nada, como un juego de mesa, que aunque amo lo que hago y me enclaustro aquí sentado, sin dudas me encantaría terminar tomado, caminando sin destino, sobre todo sin pasado. Aunque luego golpea mi puerta mi lado más correcto, sensato, mi lado lógico tocando el silbato. ¿Esclavo de mis pensamientos elevados? No lo veo tan osado, después de todo, me espera un porvenir envidiable, un peinado estrella, y un descapotable rojo en el garage. Nadar en dinero verde, desnudarme en un sauna, tener leones en jaula, y vestir trajes de fábula. ¡Qué excéntrico! ¿Que podría...