Sobre los pensamientos negativos
Hay un punto impreciso e incalculable en el que la expresión del odio y la bronca deja de ser una forma de catarsis y pasa a convertirse en una molestia permanente. A partir de ahí, ya no libera; ocupa, invade y termina por adueñarse de este canal reducido que es la comunicación. Reconocer ese punto es clave. En el mejor de los casos, uno podría volver a un estado donde expresar alivie, donde lo dicho no deje residuo. Pero cuando en nuestra lengua solo dejan un gusto a café quemado, es señal de que algo dejó de funcionar. Solo un derrotero en espiral hacia el colapso. Si no hay retorno ni posibilidad de equilibrar la ira personal, mejor callar, mejor soltarla por otro canal, pues si continuamos extrayendo agua de una cuenca prácticamente seca, más temprano que tarde flotarán los peces en agonía. Somos responsables de nuestras palabras y debemos ser considerados y conscientes de quién nos escucha. Muy probablemente seamos inmunes a nuestro veneno, pero el resto tendrá el antídoto? No lo...