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Mostrando las entradas de abril, 2022
Lamentos y suspicacias son fideos de otro plato. Individuos que conocen muy bien las recetas, pero eso no significa que conozcan los sabores. Aquellos ojos desean el encuentro con el cocinero, con todo lo que ello implica, la cocina, las manos de quién sigue el algoritmo pero que también pone un condimento incomparable e inigualable llamado experiencia, tacto o bien talento. Por el contrario, se encuentran con la fría mirada del mesero, aquel que nunca dedica una completa atención, una presencia ausente, una contradicción funcional y performante pero carente de empatía. Sin más preámbulos que intenten secuestrarme de la decepción recibida y percibida, busco algo en mí plato, no sé explicar qué y así, comienzo a acariciar los bordes de los ingredientes con los utensilios. Con la comida no se juega, me decían.
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Al final de la jornada laboral, tomé la decisión de escapar de mí mente. Fui al cine donde exhibían un Thriller y por supuesto busqué el asiento más al centro tanto vertical y horizontalmente. Los anuncios habían concluído, las luces estaban por apagarse cuando de repente el acomodador completó el único asiento vacío de la sala, casualmente, el que estaba a mí lado. Divisé una bella mujer, cabello suelto enrulado, anteojos gruesos, piel suave y una sonrisa bajo perfil que robó mí atención. La película empezó y en un principio olvidé su presencia, me sumergí completamente en la trama. En los momentos más trágicos, entrelacé mis dedos y acaricié mis manos buscando consuelo. En algunos momentos cálidos, tuve la pulsión de tomar sus manos, de mirar de cerca a través de sus lentes, pero no lo vi tan apropiado. Al final de la función, cuando las luces se encendieron, desconecté mí cerebro del proyector, giré mí rostro hacia ella y me encontré con la desagradable decepción de su edad. No me l...