Tomando un café al sol, transpirando el alcohol de la noche anterior. Nunca falta un bolígrafo y un buen anotador para contarle al papel las anécdotas, los pasajes, las dilaciones, los torcidos pensamientos o las trilladas conversaciones entre vibrantes gritos etílicos. Un gruñido de dolor aflora en el corazón mientras busco el caparazón entre los libros, un reparo de este amor. De pronto mi necesidad te suena ridícula pero ciertamente me siento un refugiado corriendo hacia un búnker, oyendo caer las bombas con un zumbido ensordecedor. Todo a mi alrededor cae y vos no sos la excepción, cómo puedo aguantar la respiración, cruzar las calles sin un rastro de pasión? De repente no hay nada, las latas están vacías, las canciones huecas, los labios secos, los ojos sin lágrimas.
Las manos soltaron eso que se perdió, eso que nunca llegó.
Home escrivint (1916). Nicanor Vázquez
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