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No es acaso maravilloso ver cómo la juventud expresa y gasta su energía de manera conjunta en ese baile? Baile que los hace iguales, los convierte en una pequeña comunidad en la que cada uno abandona su libertad individual, olvidando sus ventajas, miedos, dinero o recuerdos. Pero me pregunto: qué hacemos aquí sentados y en mesas diferentes? Pero algo más que aire se interpone entre nosotros, veo que estás bien acompañado. No sería una buena idea que dejes de darme la espalda y que me tomes en tus brazos para unirnos a la muchedumbre y tal vez, quién sabe? Se borre de nosotros esa amarga expresión de infelicidad? Inspiración: Estudio (1914). Rafael Barradas.

Ya no escribo y lo escrito se ha ido

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Quemé el papel en mis manos mientras las letras se esfumaban en la combustión. Las cenizas caían en mis piernas pero no sentía el dolor, mis ojos, iluminados por el fuego, ponían atención y mi alma sufría como animal que debe abandonar su hogar, dejando atrás tanto empeño y esfuerzo en su creación. Quemé cada nota del cuaderno, me convertí en asesino del cuerpo en tinta de cada uno de mis demonios, más no de su alma que susurra palabras sueltas por las noches a modo de venganza. Quisiera ser el verdugo de mis fantasmas, colgarlos en la plaza pública del olvido, descolgar los cuadros tristes que pintaron en mis ojos, borrar con alcohol el estigma en mi mente, enfriar mi rostro con algún vaso, y quedarme días enteros bajo la lluvia esperando a que el maquillaje gris se corra sin esfuerzo, sin acciones.
Apaga las luces de mi casa, enciende las de mi corazón. Apresúrate que el jazz no suena tan alto, que el cigarro no se apagó. El desafío más grande es portar ese vestido, recorrer esos zapatos. Solo tengo una rosa para regalarte aunque no creas que es para vos. Tu risa me acerca, mi mirada te aleja, la promesa de un amor es cosa seria y la noche apenas comienza. La música te envuelve, el ritmo reclama un beso carmesí, un roce de tus manos o en ultima instancia, un gesto negativo que haga callar los acordes, un doloroso viaje de regreso a mi casa vacía de soledad pero tan plagada e invadida por tus recuerdos, que paulatinamente decorarán con fotos imaginarias cada centímetro de mi hogar, de mi lecho, de mi mente.

Amor político

No pretendas que me quede inmutable como pozo de agua tras recibir tu piedra, aunque tampoco seré agresivo como una catarata o un río crecido, los extremos no van conmigo. Negociemos, hagamos un trato y seamos audaces políticos cuidando pequeñas quintas de poder para nuestra gente. Negociemos fríamente pues eso somos, ridículas calculadoras buscando el mejor resultado, optimizando ganancias, reduciendo impactos.
La persiana bajaba imparable, su cuerda pedía el descenso como una adicta pero a pesar del deseo, no se puede ir más allá del suelo. El piso de cerámica se interpone entre la oscuridad absoluta y una rendija de luz. Oscuridad o no, me da igual! Si aunque use los ojos no hay nada más que siluetas homogéneas sosteniendo microcomputadoras que curiosamente los vuelven ciegos. El molde de la moda los comulga en cuanto a tallas, accesorios, cortes de pelo o prendas. Ya los unía la cualidad de ser personas, de tener un alma, un cuerpo, un corazón que late frente a injusticias y pasiones, pero la vorágine y el mercado los hace parecerse aún más. Mi nervio óptico ha sido condenado a la monotonía, a la comodidad. Romperé mi tabique, cerraré mis fosas para dejar de oler el asqueroso perfume importado decretado por la influencer de la pantalla gigante. Por favor, desconecta mis sentidos de la modernidad.
En un auto a toda velocidad, el viento le sacará espacio a la voz de tu inconsciente. La concentración que demanda la ruta te impide reflexionar sobre la pregunta más resonante de los últimos tiempos "qué querés realmente?". El único factor que pudo y podrá salvarte es la música, por suerte el estéreo está disponible a un gesto de distancia. Suena Pequeña Orquesta Reincidentes, el corazón conecta con cada nota del contrabajo y la velocidad empieza a descender. Lógicamente no baja por arte de magia, es consecuencia de relajar el pie del acelerador. Cómo cuesta por momentos hacerse cargo de las responsabilidades... Las intenciones brotan desde el interior, la racionalidad sopesa y los sentimientos reclaman acción y reacción. Segundos críticos de fuerzas contrapuestas se manifiestan en cuotas, algún grito pelado, un silencio interminable seguido de una lágrima que se abre camino por una barba florecida y descuidada, una descarga sobre el manubrio que sufre algunos kilos de fuer...
Mucho ruido a la vuelta de la esquina, mientras en un callejón sin salida, un libro limpia mi herida. A pesar de mi silencio hay comunicación, mi corazón manifiesta un curioso código morse adaptado que envía un " S.O.S " camuflado por el orgullo, mientras una lágrima se escurre por mis pómulos. Acudo al encuentro de la sorpresa, mis ojos serán la puerta de entrada a lo imprevisible. Reacciono a cada miedo, a cada momento intrépido, a cada aprieto del personaje. La trama será el sedante que mis emociones necesitan. He de encontrar un equilibrio entre la fluidez de las páginas y la proyección de mi imaginación en el cielo celeste, junto al sol que gratuitamente ilumina las hojas.
Así como el ladrido manifiesta las intenciones de ese perro, mis textos harán públicas las mías. Definiré con cada letra, cada palabra aquello que no pueda decir cuando las cuerdas vocales no vibren y la voz no salga, cuando la congoja me deje fuera del juego del sonido. Los párrafos corren con ventaja, no se empastan, no hace falta gritar para decir o susurrar para no irritar, no se ven censuradas por la repentina angustia o enardecidas por la euforia. Al igual que una pintura, se reconoce al autor por sus trazos, por sus rebusques, por sus recursos. Uno se vuelve sommelier de fragmentos en los que encontrará, entre otras cosas, pedacitos de su alma volcados en meros renglones de papel, difuminados por el devenir cotidiano. El original cotizará en bolsa pues tendrá tachaduras, lágrimas ya secas, manchas de café o simplemente dibujos que retroalimentan la redacción.

Café, pan y mermelada

Ningún consumista podría digerir que con tan poco encuentro la satisfacción. Sonrisas y risas por tal motivo no pueden ser sino explicadas por un contexto social que reúne la humildad y la simplicidad desde su mismo barro, desde la sociedad hacia los individuos. Escudos invisibles lo amparan de tanta publicidad, de las necesidades comerciales infundadas y ajenas, del río que fuerte trata de llevarlo en su corriente material. Acaso su cuerpo fue hecho de lujos o es producto de los más ordinario de la naturaleza?
La aparición de un diminuto gorrión, perturbó el micro sueño de aquel varón. El brusco despertar alejó al buscador de migas, pero la codicia por un premio mayor junto al zapato del humano lo llevó a reincidir. De haber querido, lo habría aplastado, hubiera terminado con su vida en menos de un segundo, y hasta hubiera sido un acto cristiano! Una vaga lección sobre los peligros de la codicia, empero, que grandeza y que responsabilidad se requiere cuando se tiene la vida del otro en la mira del fusil, cuando se tiene el puñal en una mano y el corazón latiendo en la otra. En el momento en el cual se reconoce la debilidad y se decide respetarla, el alma se eleva. Por el contrario, cuando se decide herir y/o destruir, se cruza un límite delicado hacia la crueldad, crueldad que encontrará redención en el arrepentimiento, más no en el disfrute.
Una desagradable sorpresa me esperaba al inicio de la noche. Encontré algo oscuro que apenas se movía al cerrar la puerta de casa. Aún sin lentes pude distinguir una sucia rata, y algo de sangre en el suelo. No grité, no huí. Al ver como la muerte se apoderaba de ella con cada tick del reloj, solo pude sentarme a su lado. Las hormigas, al igual que cuervos terrestres, no tardaron en dar con ella y acudieron felices a un banquete garantizado. Me pregunto: no es inhumano ver a un ser vivo desangrarse y no hacer nada? Por más repulsiva y desagradable que sea. No quise tocarla ni con una prenda de vestir, pues venía a mi mente The Wall y tarareaba Comfortably Numb, lo único que me faltaba era enfermarme. Solo encendí un cigarrillo y liberaba el humo en dirección al cielo, acaso buscando una respuesta. La muerte me acompañaba con un reloj de arena en su mano, impaciente, preguntando cuando dejaría de moverse aquella que sufría sin emitir sonido alguno, pero vibraba de dolor al compás del fr...
 Alguien por la noche llamó a mí puerta. De haber sabido que recibiría la sorpresa tan ingrata de la tristeza, me habría quedado en cama. Dado que ella no quiere marcharse, me veo obligado a tomar la iniciativa. Por desgracia, no encuentro jeringa, botella ni pastilla que pueda desaparecerme de este preciso instante. Traté de rescatar risas vencidas, carcajadas de otros tiempos, pero se limitaba a seguirme con pasos cansinos y me dedicaba largas y profundas miradas. Se inclinaba sobre mis hombros con un aura pesada, desarmadora y de repente en esta habitación, nada quedaba, las nubes negras tapizaban paredes, tapiaban puertas y ventanas.

Sentidos

Cierro mis ojos para valerme de los oídos, tapo mis oídos para valerme del tacto, cierro mí boca para que no entren moscas. No me den por muerto sin antes poner una mano en mi pecho y palpar el corazón latiendo apresuradamente o el pulso que revienta desde mis muñecas, en la intensidad de la carótida, motor de este torbellino de ideas, de la tormenta de palabras.
Al vaciar el vaso, algo se va y algo regresa. Me senté ingenuo en aquella mesa pretendiendo que un buen vaso de whiskey me libere de aquellos dolores que atormentan y esmerilan mi rutina. Los dolores físicos huyeron despavoridos, se acobardaron ante el sabor ahumado y la graduación alcohólica, pero justo en ese preciso instante tu recuerdo volvió en el vapor de la comida que no se hizo, en la lágrima que nunca salió. Volvió en forma de nostalgia, pero en gran medida de tristeza, pues los pensamientos "negativos" son prioridad para la mente, sin importar el alcohol que haya en sangre. Aquello que no fue, aquello que no pudo ser, aquello que podría haber sido abarca la capacidad probabilística de la noche, colmando la ausencia de mis dolores cobardes. Convencido de que únicamente el sueño podrá librarme de esta inmensa soledad, pago la cuenta y regreso arrastrándome lentamente por estas calles. Las luces de los autos conseguirán mantenerme despierto hasta llegar a casa, donde c...

Ahora es hora de decir adiós?

Cuál es el momento justo para reiniciar el cronómetro? Cuándo uno debería cambiar de página? Un dedo fisgonea la página siguiente y al descubrir una fría e inerte hoja en blanco vuelve a cobijarse en las mangas a resguardo del frío montevideano. Los lentes cobijan alguna lágrima que se ha perdido y la boca tararea un jazz inaudible para la dama que camina frente a mí pero no para el niño que juega detrás. Miro el reloj y no ha pasado ni una hora, miro el sol y no se ha corrido un milímetro, miro el cielo y no parece que fuera a llover pronto, sin embargo, el servicio meteorológico mental ha anunciado lluvias y tormenta eléctrica con posibilidad de cortocircuito cerebral. Exhausto, descubro que pisé el desayuno de un perro, lo cual me roba insultos y suspiros. De un momento a otro, una insolente paloma me bautiza previo a su aterrizaje, pero a esta altura del partido, nada parece importarme.
Me surge reclamar besos de esa boca alegando una retrógrada y arcaica postura de posesión, idiota ! Pues esa boca boca nunca fue tuya, es suya , ella es dueña de cada beso que elige dar.

Desentrañando engranajes

Es la curiosidad motorizada por un genuino interés lo que mueve la máquina de escribir. Es la necesidad de saber, la intriga, lo que moverá trazos a lo largo y ancho de ese papiro, empero, allí estará la racionalidad para meditar y congelar impulsos, siendo la gravedad misma de los anhelos que livianos comienzan a volar y desaparecer en este espacio tiempo. A su vez, ese tira y afloje, ese mecanismo ocurre en un completo libertinaje. De repente uno se ha vuelto espectador de ese tenis de mesa. Toda la ecuación parece exonerar al individuo, o al menos hasta que un pensamiento residual, irritante y razonable, le recuerde que es dueño de todo lo que ha descrito, que es el huésped de esa mezcla tan heterogénea de pensamientos y sentimientos que tanto ruido hacen en su interior, pero del que poco se ve desde el exterior.

La última pirueta del trompo

Giremos cápsulas en sentido anti horario, sumemos piedras en un río que ya tiene en demasía, los pájaros se mueven en zig zag y las nubes emprenden travesías sin sentido. Los pétalos cayeron de esas rosas y los relojes se han quedado sin cuerda. El tiempo muerto se ha decretado en esta ciudad fantasma y todo se ha sumido en una pausa traumatizante. Los parlantes tomaron la unánime decisión de apagarse antes del último soneto y los bailarines se retiraron de la pista sin dar el último giro. Han derrocado a la tiranía de la expectativa y en su lugar se instauró un régimen de silencio, donde el ruido blanco es la ley en estas calles. Detrás del vidrio se solapan intenciones truncas y temores álgidos, detrás de cortinas que ya no suben se apelmazan emociones de múltiples tamaños y colores. Nos vemos envueltos en metáforas que redundan en un mismo punto, como un perro que muerde su cola, como una cuchara que revuelve la taza sin esperable final, al menos no en un futuro próximo. Me quedé ar...
Dejo las bolsas, me saco los zapatos y me tiro en la cama. Miro el techo, aquellas arañas se han ido, se han mudado junto a sus telas a otra parte. Tomo una pelotita anti estrés entre mis manos, la reboto contra la pared más próxima, y en ese intercambio constante donde ni el eco de la habitación se anima a repetir la violencia, un llanto irrumpe en mis ojos, me encuentra profundamente agotado, desesperanzado. El viento hace temblar las ventanas mientras el frío se cuela por los extremos y empiezo a temblar súbitamente. Algo me toma de los pies, un manto frío sube por mis piernas hasta llegar a mí cuello, donde se cierra lentamente entre mis escápulas y de esa manera quedo envuelto en la oscuridad eterna, en la angustia permanente. Con terror abro mis ojos, sacudo mis piernas y una taquicardia me invade... La tranquilidad del despertar es parcial, puesto que no todo era una pesadilla. La desesperanza y el dolor que traerá el porvenir son vientos legítimos que me acerca mí ventana, que ...

Las paredes blancas no producen estimulo alguno

Si no fuera por la enfermedad en los ojos que me hace ver moscas en el horizonte, me quedaría profundamente dormido viendo decantar la luz en la falta de color. Cuando la creatividad se apodera de mi, recobra fuerza el impulso de llenarlas de colores mediante acuarelas, aerosoles o crayones. Unos minutos mas tarde, mi yo adulto y mercantil propondrá comprar unos cuadros caros o posters para llenar el espacio vacío. Mi yo fatigado reflexiona herido por la sobre-estimulación y defiende que se mantengan de un color blanco luminoso. Mi yo melancólico sopesa entre copas la idea de pintarlas de gris cemento para que los hongos no se luzcan y la luz no pueda entrometerse por las ventanas. Hay quienes cuentan ovejas para dormirse, mientras otros dan rienda suelta a los debates interiores esperando que la arena caiga lentamente.

La inacción esconde una peligrosa comodidad

Se disfraza de una seguridad respaldada por un status quo familiar, conocido e inofensivo. Y si tocaste fondo y la apatía te seduce hacia su pozo de melancolía y quietud, te habrás puesto voluntariamente las cadenas que suavemente te aletargan y te acercan alcoholes que moderarán la poca voluntad de zafarte que surja en la diaria. De repente las ramas de la ignorancia te amparan y te cubren los ojos para esconderte la realidad más próxima, para liberarte la melatonina necesaria para que te quedes pasivo, recluido, dormido.
 Haciendo futurología barata, imprecisa e infundada, enuncio que el ser humano de la próxima generación desarrollará un nervio especial que dará una señal de dolor cuando hayamos consumido suficiente contenido, independientemente del sentido con el cual se haya percibido. Escuché una vez que en toda predicción que uno hace, hay un porcentaje mínimamente pequeño de deseo. Pues si, es correcto. Veo seguido gente que devora contenidos multimediales a fuerza de "scroll", con una cadencia que su cerebro no alcanza a procesar, o para ser más preciso, si puede, pero lo agota, lo agobia.
Regresar del conflicto, esperar en ese andén con intenciones de encontrar a alguien pero con la posibilidad cada vez más clara de volver a casa en soledad, sin riquezas, sin renombre, con tan solo lo puesto y unos cigarros que atenuarán mí caída a la realidad. Quedé diametralmente fuera de los festejos, unos pocos voltearon confundiendo mí rostro con el de algún ser querido, pero la decepción se hacía más evidente a medida que nos acercábamos, dejándonos a ambos un gusto amargo e incómodo. Podríamos haber fingido demencia, olvido o simplemente nos hubiéramos dejado llevar por el impulso y la atracción del cálido abrazo del reencuentro, pero es sabido que la cordura, el razonamiento y la lógica separan corazones desde tiempos inmemoriales.

Nublado, dormido, lluvioso, enfermo.

El dolor viene golpeando cada tendón y cada músculo como si de puertas se trataran, no puedo ni siquiera cercar el mate entre mis dedos, ni el termo en mis brazos, y cada paso es suplicio, siento el impacto de la suela sobre el suelo repercutir tan duramente en los nervios del cuero cabelludo, y encuentro alucinante y algo exótico el poder seguir respirando sin molestia alguna. La mente juega un papel importante en la enfermedad. Decide dejar de lado la compasión para sacarte el polvo y salir adelante. Sirvete un vaso de whisky! Y rápidamente el mareo y el dolor se confundirán con la embriaguez.
Sentado en una banqueta, esquivando el vapor de una detestable y precaria maquina de café. No me queda más remedio que aplacar la ansiedad moviendo la punta de los zapatos de invierno, procurando que el talón se mantenga firme en el apoya pies. Todo parece estar igual que ayer, ante ayer y siempre, los diarios yacen en el revistero, la gente tiene las manos ocupadas en sus tazas buscando el calor, calor que las noticias no pueden dar. Lavé mis manos un millar de veces, pero la sangre no se quita tan fácilmente. Puede que no esté ahí, pero se ha instalado en los recuerdos, en el paladar, en la nariz y en la memoria, memoria impactada de ver los dedos escarlata donde siempre fueron morenos. Con cada latir del reloj, me vuelvo hacia la cocina, te veo tan relajada, como si fueras ajena a la presión de mis ojos en tus hombros, en tu cuello. No das crédito al tiempo que estoy perdiendo, como así tampoco a la persecución que me aterra y me hace frotarme los dedos como una mosca, como si estuv...