Te levantaste en dirección al baño y aproveché la oportunidad en soledad para examinar la borra que dejó tu café. Me amparo en la incertidumbre de esta situación, aunque la demencia me exime de toda culpa, no? Un vidrio roto fueron mis ojos al ver que en tu destino no estaba yo, al descubrir que te irás a la metrópolis mientras yo me figuro eternamente en este campo, donde el ruido es la excepción y no la regla.
Siento el alma rallada y el cerebro picado, todo pronto para ser tu plato principal. Dudo que bebas mi sangre, esa apología católica no es de tu agrado, pero probablemente brindes en mi nombre con el vino que te regalé, probablemente uses mis colmillos como escarbadientes o mi mano para abanicarte durante el verano. Por vos estoy hecho pedazos, mejor aprovechá lo que puedas, ojalá te sea útil.
Saturno devorando a su hijo (1820-1823). Francisco de Goya
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