Un día de cuarentena
Un día como cada día, me cansé de bañarme de la forma mortal, o común y corriente. No tuve mejor idea que colocar el tapón en el desagüe y dejar que el agua se acumule entre los dedos de mis pies. Pasó de lluvia a charco y de charco a marea baja, para luego ser un mar, un riachuelo. Cerré la canilla y me senté en la postura preestablecida por el diseñador de la bañera, dispuse mis manos en los apoya brazos y mí espalda en el respaldo. Respiré profundamente varias veces. Mientras fumaba un cigarrillo, me fui deslizando hasta que el agua tapó mí ombligo. Me preocupó que mí pelo se ensucie o se haga daño con el agua enjabonada, así que tomé la medidas necesarias procurando no deslizar más de la cuenta. La puta gotera de la canilla inferior o "la de abajo" siguió sin cambios con lo suyo, molestando con esa gotera incesante, pero el que cambió fui yo, quién en ese momento, dejé de verlo como una molestia y empecé a verlo como un ritmo, un trance. Quise marcar el tiempo c...