Quise armar un camping en el balcón de mí hogar, un picnic como los de antes, con manta, platos y vasos de colores, pero me faltaba un gran ingrediente... La naturaleza... La naturaleza en todo su espectro. El sol, el pasto, las hormigas, la tierra... El agua que forma barro en las muescas de mis zapatos, los olores a miel de los panales cercanos y la sensación de libertad, sin rejas a mis costados, sin barandas que contengan mí impulso o tendencia suicida. La banquina de mí mente no es para nada física, no son las paredes de mí cerebro ni los huesos que lo componen, es la misma mente, los pensamientos que giroscopean, regulan y mantienen cerradas las reclusas de mí víctima alma. Saltar el alambrado y correr en dirección contraria hacia donde se dirigen esos coches es lo que me salva en estos tiempos modernos, de gente alienada y sin más ojos que para sus pantallas, no importa el tamaño. Maquillan sus rostros con promesas de juventud, tapan sus oídos con canciones sexistas creyéndose t...
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Mostrando las entradas de 2020
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Martín Bassi
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Me siento nuevamente inquieto, como un pariente de un paciente que nada puede hacer más que sostener y comprimir entre sus manos, su triste abrigo. Una tarde fría que no necesita del calor de esa prenda ya que el sudor la abriga. Estar como bola sin manija, como robot sin propósito o soldado sin guerra, vuelve ansioso al más sereno o traicionero al río más calmo. Es el ruido que irrumpe en la sesión de yoga, la curva de la figura alcista, el anti clímax, la tostada que sale quemada, el grano en la frente de un adolescente, la papa verde del paquete reducido, el hongo más prominente que se asoma en el queso o el gusano que parasita y sobrevive en la manzana. No hay reset ante este juego, no hay barajar ni dar de nuevo, no hay amuleto ni pata de conejo. Quien quiera vislumbrar soluciones en esta noche cerrada de invierno, será bienvenido sin mayor expectativa ni emoción por un ser apático.
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Martín Bassi
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Los trozos del vidrio que nadie junto, una herida de la perfección de esa entrada que nadie arregló. Se pueden ver aún los fragmentos que fueron testigos de ese delito, de esa bronca que sale de la mano de un transeúnte para estallar en el flanco más débil de esa barrera transparente que recubre el habitáculo del frío externo, prestando reparo ante la lluvia y alguna alegría a esos amantes clandestinos que temen intercambiar lenguas en plena vía pública. Vandalizaron el histórico vidrio del edificio de la esquina , titula el diario vespertino. Y si era tan valioso el vidrio por qué no tomaron medidas? Porque lo dejaron tan expuesto? Por qué no cubrieron su fino cuerpo con firmes rejas o murallas de chapa? Acaso no conocen la compleja situación social que estamos pasando? O decidieron hacer oídos sordos y mirar para otro lado para sobrefacturarle el arreglo a los peces gordos de los dueños?
De goteras y vasos
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Gotera incesante, estrés que crece con cada molécula de agua hasta estallar en cólera. El momento justo coincide al llenarse el vaso, cuando las gotas empiezan a escurrirse delicadamente por los bordes, y por el contrario tan brutalmente al impactar en el radio de dicho vaso. Cómo dios hizo tal martirio posible?? Y si no es dios, que venga alguien a dar la cara! A explicarme si hacía falta provocar nuestra furia con algo tan molesto. Será nuestro subconsciente molestándonos nuevamente? Si sabemos que al poner el vaso debajo de la gotera, en algún momento se llena, por qué dejamos que junte agua hasta el hartazgo? No se puede ser un poco más consciente y anticipar que debido a su capacidad va a rebalsar? Y doblo la apuesta! Cuántas noches se necesitan para comprobar empíricamente que en su llenado lento pero constante, induce un martirio para nuestro cerebro? No será que reaccionamos igual en la vida? Digo, como nuestro vacito de agua, aguantamos, reservamos cada gota sin...
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La ausencia de ruido, descontrol y vino, me hacen pensar en el qué dirán. Tan ensordecido, entre redes como pez esperando el puñal, siento morir cada gota de sangre y hervir cada gota de sudor, por fortuna aquel calvario dentro de un tiburón se fue como el tren a un santuario mejor. Lamento no estar en el cardumen, de manjar en manjar, entre risas, sin prisas.
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Martín Bassi
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Siento desprecio, me da asco tu sonrisa falsa de dientes prefabricados y tus ojos viendo sin mirar a quien te habla. Tus opiniones son como misiles sin respuesta, tus políticas ingenuas de tirar la piedra y esconder la mano, sin empatía, sin reserva. Decoras cada acto tomando tu pelo entre los dedos, mostrando uñas pintadas como un óleo fresco, de colores y texturas que solo se ven en las vanas lujurias de televisión. He de ser políticamente correcto y reflejarte fielmente tu falsedad con una sonrisa fría, momentánea, temporal, todo para que no te ofendas y no te des cuenta de que sacas lo peor de mí, de que encuentro en vos, mí contraparte de poder y más aflora mí resistencia contra los de tu especie, creídos superdesarrollados a fuerza de billeteras, a suerte de tirar dados en sótanos y de decidir destinos de miles de vidas. Que queda para nosotros, los que somos parte de ese decorado acuarela donde ustedes contrastan y nosotros somos el triste fondo base?
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Martín Bassi
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Aquellos miran, rascan sus ideas, miran lo que ves, miran tu cara pero no entienden . Se asombran y se intrigan pero no entienden, entender que ? Si es todo taaaan claro... Si sos tan transparente, que más claro échale agua! Como dice el dicho. No hace falta ser superdotado para ver ese brillo que se ve en tus ojos al mirar esas pinturas, al escuchar ese dulce repiqueteo en el piano, hábiles dedos y manos y preciso algoritmo de melodías, de música solemne y eficaz contra los malos humores, que apacigua a mares y marineros, desde aquellos tiempos inmemorables dónde el cólera los invadía, hasta ahora que las guerras continúan.
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Martín Bassi
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Ojos que no ven, corazón que no siente. Y no quisiera haber sentido el frío metal de esa ventana, ni ese olor a rosas rojas con las que estabas esperándome. Me arranqué los ojos para no ver, y tus heridas atravesaron todos mis sentidos en una ronda. Mí represalia fue hundir el cuchillo en tu pecho, y mí respiración se aceleró con tu caída. Gotas de sudor corrían picadas por mí cien, y tuve que esconder mí llanto detrás de una sensatez que perdí de niño. La mueca que fue risa, que fue labio, hoy con cinta está pegado y de pronto me queda el tacto para comprobar si estás fría y el oído para escuchar tus pasos en la casa, tu espíritu no hace tanto ruido como mis dientes en esta noche post-mortem. La sangre se diluye en agua, el amor en mis entrañas hace nervios y mis caricias van para otro mundo.
Un día de cuarentena
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Martín Bassi
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Un día como cada día, me cansé de bañarme de la forma mortal, o común y corriente. No tuve mejor idea que colocar el tapón en el desagüe y dejar que el agua se acumule entre los dedos de mis pies. Pasó de lluvia a charco y de charco a marea baja, para luego ser un mar, un riachuelo. Cerré la canilla y me senté en la postura preestablecida por el diseñador de la bañera, dispuse mis manos en los apoya brazos y mí espalda en el respaldo. Respiré profundamente varias veces. Mientras fumaba un cigarrillo, me fui deslizando hasta que el agua tapó mí ombligo. Me preocupó que mí pelo se ensucie o se haga daño con el agua enjabonada, así que tomé la medidas necesarias procurando no deslizar más de la cuenta. La puta gotera de la canilla inferior o "la de abajo" siguió sin cambios con lo suyo, molestando con esa gotera incesante, pero el que cambió fui yo, quién en ese momento, dejé de verlo como una molestia y empecé a verlo como un ritmo, un trance. Quise marcar el tiempo c...
Un Dibujito
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Martín Bassi
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Como quien se encarga siempre de llorar, huyo, escapo, apago mis ojos, enciendo mis oidos, odio a quien no me entiende y juzga mis escritos por la pinta de los picos. Conocer es el primer paso para comprender, por eso, dibujo una lina fina como una suerte de puente levadizo entre tu dibujo y el mio, entre tu silueta y mis lineas delgadas y negras, vulgarmente llamados trazos. Dentro del globo, me dibujaron 2 cejas, dos puntos, es decir que solo tengo pupilas contraídas para que tu luz no me encandile al verte llegar, y como boca tengo una V de Victoria, cansada de tanto sonreir. En la mano tengo fuerza, calculo que por el ancho del bicep, pero está tan vacía... Y es que ni los dedos tengo, tengo mucho para dar, un gran espacio en blanco a mi alrededor, y de repente vuelo, floto desde mi lugar, ya que no tengo suelo, ni ladrillos negros, ni perfecta tierra de apoyo. Si es que floto, diganme, pues significa que vuelo y si vuelo podré aplacar la ansiedad y evitar que vengas hacia mi,...
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Martín Bassi
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A veces tomo forma de aquello que llama mí atención. Un tipo con piernas cruzadas, mirando absorto a la nada, con un cigarrillo quemando su índice, pero tal es su preocupación que eso es nada a comparación con sus problemas de hoy. Que triste que no pueda ver más allá de su aura, ni más adentro que su ropa, la introspección es algo que dejó olvidado en la niñez o nunca desarrolló. Una mujer que espera ansiosa a cruzar la calle, dobla y desdobla un papel entre sus dedos, dándole formas, haciéndole pliegues, pisando las puntas, estirando los lados... Mueve su mirada de coche tras coche, calculando el momento justo para pasar, sacando la probabilidad y la estadística más crítica, la que puede cargar con su vida, y todo por qué? Por llegar antes a su destino, destino incierto de hecho. Luego de esto, con alcohol borro la mente, al igual que la pizarra que me acompaña de adolescente. La cabeza está más liviana y ya no retengo nada, quedé ileso de tales sentimientos, pensamientos qu...
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Martín Bassi
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Qué esperas que suceda? Que se siente junto a tu lado? Por eso bajas la mirada y demostrás tus nervios con una sonrisa? O es solo que pensaste algo excitante que te eyectó de la realidad? Pero no hay pretextos ni motivos para sonreír, al menos en tu mundo, en el mío deben dar explicaciones al rey, al príncipe y a cada peón. El yugo de los que están arriba o atrás en el ajedrez limita lo que soy, lo que digo y hago, como una opresión, una especie de sometimiento implícito, atado a haber nacido en este mundo inmundo, inerte, desnudo, como aquel me trajo. Aquel o mí madre? Ponemos demasiado en sus manos, como si tuviera los piolines de cada hecho que ocurre en la faz de la tierra, que hace y deshace a destajo, que planta y trasplanta vidas de aquí a allá, que construye y destruye las rutas, los puentes interpersonales. Y nos deja a nosotros tomando el rol de marionetas, siendo piezas en un tablero, colgando de un cable finito a sus gordos dedos evolutivos y certeros, alabad...
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Martín Bassi
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Ya que no queda más agua en el pozo, es tiempo de revolver las nubes para saciar mí sed. Prefiero ver llover antes que juntar el agua de la zanja, respirar vapores de agua turbia a llenar mis pulmones de microplasticos de esa fábrica. Agua hervida, lavandina, y un poco de acaroína, la grasa no se quita con tan solo un padre nuestro. Entrena tus músculos para remover aquello que contamina, aquellas manchas de tu predecesor, nadie quiere sorpresas, ni cucarachas saltando a la mesa. Cuando el sol caiga, disponé tu brazo en la ventana mientras observas la calle, mientras contas cuántos doblaron por Cané y cuántos siguen derecho, solo las formas, las patentes te las debo, y los modelos que desde acá no veo. Ruidos extraños no siento, solo motores que invaden el espacio tiempo, el progreso del hombre siempre presente, la diferencia de clases entre rodados, y algún plan en la mente de algún abogado.
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Martín Bassi
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Qué pasaría si de repente mi piel se pudre en blancas y rojas ampollas y mi voz se anuda por completo, Ya no puedo decirte te quiero y quedó tan lejos ese deseo y esos miedos. Que sentiría de verme al espejo, todo hinchado, dolido, algo anestesiado, con el mismo nombre y apellido pero tan destruido? A donde se fueron las ganas de formar una familia? de recorrer América latina en una kombi amarilla? Me demoran esas pastillas y el yeso en mi pantorrilla, quise agarrar la tijera y terminar con esta vida, pero la gravedad impide mi suicidio con suma crueldad, no puedo adelantar la tele, cambiar de radio ni borrar mi pizarra. Noto como la pantalla se desvanece, una hormiga se lleva los restos del almuerzo y como la mosca procrea en mis heces. Todo pasa y yo acá, atado de pies y manos, con un chaleco blanco y alguna que otra sonrisa, sin mis remedios me convierto en mona lisa. Aunque tengo un palpito de que algo cambia, las agujas pasan y en algún momento, siempre se repite esa hora...