Desahuciado
Y cuando abra la puerta, sé que no estarás ahí. Cuando me asome por la ventana tu espíritu se disipará como por arte de magia. El rocío helará mi cuello y mis pies. Mis lágrimas se solidificarán. Mi sangre se enfriará con el entorno. Me aferro a mi máscara, el brebaje de la felicidad momentánea. Duele la fría daga con el correr de los días, con el paso del tiempo. El otoño emerge, caen las hojas de la flor del jardín interior. Oculto las heridas, renuevo la sonrisa una vez más. Vuelvo a jugar hasta que mis fichas se agoten, las posibilidades escasean a mi alrededor.