Sal y encuentra lo que debí decirte esa noche, escrito en una hoja arrancada con los dientes de un libreto. Traduce cada uno de mis aforismos y rebusques rioplatenses en algo neutro que puedas comprender, puesto que el amor no conoce de fronteras, pero la lengua si. Tragué unas piedras para no sentirme tan miserable, para sentir algo más dentro de mí que el súbito remordimiento por tu partida. Es novedosa la manera en que esas sustancias borran los escritos de tu memoria, aquellos que tanto me esmeré en redactar y recitarte. Que desgracia! Las palabras no sólo se las lleva el viento, también las sepultan los actos de mala fe. Reverberan mis sentires a través de los relatos, se deforman al pasar de boca en boca, de chisme en chisme. Cuando ya nada queda, cuando se agotan las posibilidades, cuando aquel hilo que recorría un globo terráqueo buscando unir tierras de nadie se separa de su origen, solo resta navegar y que el río nos envuelva en su baile.



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