Sal y encuentra lo que debí decirte esa noche, escrito en una hoja arrancada con los dientes de un libreto. Traduce cada uno de mis aforismos y rebusques rioplatenses en algo neutro que puedas comprender, puesto que el amor no conoce de fronteras, pero la lengua si. Tragué unas piedras para no sentirme tan miserable, para sentir algo más dentro de mí que el súbito remordimiento por tu partida. Es novedosa la manera en que esas sustancias borran los escritos de tu memoria, aquellos que tanto me esmeré en redactar y recitarte. Que desgracia! Las palabras no sólo se las lleva el viento, también las sepultan los actos de mala fe. Reverberan mis sentires a través de los relatos, se deforman al pasar de boca en boca, de chisme en chisme. Cuando ya nada queda, cuando se agotan las posibilidades, cuando aquel hilo que recorría un globo terráqueo buscando unir tierras de nadie se separa de su origen, solo resta navegar y que el río nos envuelva en su baile.
Estamos aquí reunidos para platicar sobre el soporte físico y emocional que brinda la carne humana a la megalómana idea de la mente. Qué sería de la paciencia y el descanso sin ese cuerpo que reposa? Qué pasaría si la mezcla cada vez más heterogénea de ideas y principios no encontrara boca para hacerse oír? Serviría igual un cuerpo mudo u otro con gran caudal de voz? Qué pasaría si ese cuerpo se quedara arrojado en algún basural? Si su vida no vale nada, por qué habría de hacerlo el pobre aire que empuje desde su diafragma? Entenderá usted que el poderío de esa masa vale por su apariencia. Cuando madure, disipará aquella ilusión que venda sus ojos y lo hace ignorar la realidad del mundo en el cual vivimos. Comprenderá que es más rentable invertir en cirugía estética que en asquerosos y mundanos libros de feria, que solo congregan cabellos y pedazos de piel muerta de sus dueños anteriores. El camino virtuoso del éxito empieza por el peldaño de la simpatía más que la introversión, por la...
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