Por más bajo que hables, el despiadado eco de esta habitación revelará a los cuatro vientos tus pensamientos. Y si no es el eco, será el inconsciente tu delator, tus francas acciones o tus profundos deseos. La lluvia se escurre por fuera de la ventana y un cigarro apagado espera consumirse por completo. Tirada sobre la alfombra mirás en el cielo raso cómo la humedad se expande como tu vanidad, recortás tus uñas para no pintar, usás perfume para no lavar. El laberinto de tu vida superó los recovecos del diseño original y tu parque de diversiones se llenó progresivamente de vicios, más no de niños. Estallás globos de tu goma de mascar, el tiempo pasa y el sol sale aunque no lo midas, aunque no lo pidas. Nada está bajo tu control y nada satisface tu decadente pasión; el trofeo del peor lo ganaste vos, los laureles se los llevó el pastor, el miserable te acercó a Dios y tu familia te olvidó. Tus vestidos te envuelven como cuando eras niña, contás los recuadros en ellos, bordás uno nuevo tapando un hueco.
Por la noche leés mis textos, mis palabras quedan sonando en tu mente, soy la mancha de tinta en tu mantel, la curiosidad que ya no querías ver, escucho mi nombre salir de tu boca, bajás el tono de tus reclamos, volvés a hablar bajo.
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