Quiera dios que me muerda la lengua antes que recitar tu nombre junto a un adiós.
Bien supongo que el olvido elaborado en terapia será el puntapié definitivo para catapultarme de vos. No respondo ante el desesperado impulso de aferrarme a cuestiones exageradas que me mantengan en tu mesa, sosteniendo una copa que algo le queda. Empero, por qué no podemos seguir en esta fiesta si la casualidad nos encontró y nadie nos espera? Las pesadillas me persiguen y solo un despertar abrupto me libera de este martirio, al menos estás conmigo, al menos tu cuerpo yace desnudo junto al mío, por el momento tengo tu olor en mi cuello, por el momento el frío entre nosotros no llega a hacer hielo, que alguien congele el tiempo, que alguien me arrebate la inseguridad en este desvelo.
Oficina en una ciudad pequeña (1953). Edward Hopper
Comentarios
Publicar un comentario