Pierdo el tiempo removiendo la hojarasca con los pies, como un sabueso apego mi hocico al suelo siguiendo tu rastro. Los diarios me informan que no pasaste por aquí, que sigo la pista equivocada. Me dejo caer en la hierba, bebo un largo trago de agua y simulo estar en tu mente. Sustentado en la empatía, trato de pensar como lo harías vos, trato de imaginar dónde estás. La sepultura de tus padres, la plaza de tu infancia, el faro de tu adolescencia... Las posibilidades se amontonan y con ellas mi desesperación, mi desesperanza. Acudo a la biblioteca y junto a la chimenea me siento en la alfombra. Detengo los dedos en cada fibra, cada centímetro de la piel de ese noble cuero, como si buscara la información que se perdió, pero lo único evidente es tu ausencia. La realidad se me ha vuelto un cubilete mareado de dados, una aguja pinchada, un saco roto del cual mis monedas se escapan.
Fortvilelse (1894). Edvard Munch
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