Desde lo alto de esta montaña veo las camionetas pasar por la ruta. Con los binoculares invado la privacidad y penetro los parabrisas husmeando los rostros de los conductores. Mis parientes aborrecen desde el cielo esta intromisión, pero si fueran tan omnipotentes como supongo, se darían cuenta de que mi objetivo no es fisgonear, es encontrarte. Ardua tarea en esta sociedad donde todas las hormigas se parecen, todas tienen patas, todas caminan apresuradas, pero solo una tiene los ojos que busco, solo una reúne en unos cuantos centímetros un manojo de rasgos que desencadenan en mí, una estimulante ráfaga de sentimientos. La constante vigilancia se detiene solo ante fatigas oculares, pero retomo mi actividad tan pronto como mi naturaleza lo permite. Aunque una vez me atrapaste, alegaste que pasaste de noche cuando volvías cansada del trabajo y en una contra vigilancia me viste lejos, en el mundo de los sueños, y yo no pude más que admitir la verdad, excusándome en los límites del humano, en mis errores de diseño, en mi pecado original.



Comentarios

Entradas más populares de este blog

El lecho.- (boceto)