Entradas

Mostrando las entradas de febrero, 2025
Grato recuerdo vino hacia mí cuando el mar enterraba mis pies en el agua, venía un cangrejo que se ocultaba de la inspección brutal de la luz en búsqueda de la húmeda oscuridad, una hormiga se perdía en la inmensidad de la arena. Por momentos quisiera tener la altura de una piedra para que las pequeñas olas saladas me envuelvan en partículas que vienen amablemente desde una heterogeneidad de puntos cardinales, con una disposición casi sumisa ante la fuerza de las corrientes, sin distinción de su temperatura, sin pretensiones de valores de sodio, sin la búsqueda de la hidratación del agua dulce y potable, aunque lastimosamente con la humana presencia de micro plásticos. El sol calentará la superficie, la tierra enfriará las profundidades, algunas rocas desearán quietud, otras que el agua las desplace de la recalcitrante comodidad, al fin y al cabo, todos somos piedras, todos encontraremos el destino en este mismo mar.
El taco de tu stiletto haciendo jirones el silencio dominical y el humo de tu cigarro despertando mi desprecio en ayunas contribuyeron sin dudas a que hoy transitemos caminos separados. En la ruta íbamos de vacaciones juntos por doquier, me pregunto qué decisión recalculó el GPS de los dos, qué hizo que me abandones en la góndola de este entrañable mercado, en qué momento mi precio se hizo imposible de asumir o bien cuándo cayó tanto que te hizo elegir otro producto a pesar de que mis buenas intenciones valían una ganga. Ambos cambiamos a gran velocidad, nos hicimos líquidos en la piscina, nos escurrimos de cuerpos ajenos y también de toallones compartidos. Nos olvidamos que tras un encuentro tan íntimo, acabamos diluidos el uno en el otro sin destilación que pueda separarnos, recomponernos de manera íntegra tras este vendaval será el desafío del final. Después del desayuno (1890). Elin Danielson-Gambogi
"Solo pido que en este tira y afloje, yo tire y vos aflojes" le dijo un gorrión al árbol mientras hurtaba una rama para su nido. Pasó un mendigo y se sintió aludido, yo vi la escena mientras leía un libro y me vi reflejado. Sí, de pronto me dormí en el parque apoyando la cabeza en mi mochila. Las nubes pasaban rápido fuera de mi vista, el viento las arreaba como ovejas obedientes y el sol se esforzaba por mostrarse ante dichas interrupciones. Un perro que pasaba por ahí creyó iluso que le daría comida, mostré mis manos vacías pero no entendió y quedó a la expectativa. Falta de oportunidades, conflictos de intereses y plenitud de incertidumbres, esa es la acuarela de este lienzo llamado modernidad, pero no te creas que me arrojé con un peso insostenible al mar, sigo tirando piedras al agua hasta que ella se canse y me las devuelva, hasta que el río se evapore por completo sin excusas, sin explicaciones. Me levantaré cuando llegue la noche, cerraré los ojos ante el diluvio, he ...
Como muñeco vudú bailo en tu zona de juegos. A veces tu saliva simula una lluvia, en otras ocasiones mis oídos zumban cuando tus gritos rompen decibeles en mi carne. No sé si puedo escapar, hace un año que estoy en esta situación y las condiciones no han mejorado, solo encuentro una densa niebla londinense a cada paso que doy y relámpagos matinales cuando sopeso la idea de retirarme de este negro escenario. En la esquina encontré un colega con mil alfileres, el pobre no tiene ojos y yace en la misma posición hace meses, sospecho ese será mi futuro. Avizoro un fatal destino de inmenso dolor o bien de pleno entumecimiento por el exceso de tus torturas. Lo peor de todo es que nuestra condición no mejora tu situación, tu postura se mantiene fría como la Antártida e inmóvil como ejército de terracota. La perversión nos ha colmado por completo, cuando te vemos cruzar la puerta sentimos una mezcla de ilusión ya que deseamos tu tacto, pero al mismo tiempo de sufrimiento. Qué histéricos somos, ...
Tomando un café al sol, transpirando el alcohol de la noche anterior. Nunca falta un bolígrafo y un buen anotador para contarle al papel las anécdotas, los pasajes, las dilaciones, los torcidos pensamientos o las trilladas conversaciones entre vibrantes gritos etílicos. Un gruñido de dolor aflora en el corazón mientras busco el caparazón entre los libros, un reparo de este amor. De pronto mi necesidad te suena ridícula pero ciertamente me siento un refugiado corriendo hacia un búnker, oyendo caer las bombas con un zumbido ensordecedor. Todo a mi alrededor cae y vos no sos la excepción, cómo puedo aguantar la respiración, cruzar las calles sin un rastro de pasión? De repente no hay nada, las latas están vacías, las canciones huecas, los labios secos, los ojos sin lágrimas. Las manos soltaron eso que se perdió, eso que nunca llegó. Home escrivint (1916). Nicanor Vázquez
Me distraigo mientras leo nuestro libro favorito y cuento los días que han pasado desde la última vez que te vi. Has desaparecido de mi diminuto mapa, ya no vas a los lugares que frecuentábamos, pero siempre tengo la esperanza de encontrarte entre la muchedumbre. Escucho sugerencias. Debería preguntar con sutileza a tus allegados? Tal vez investigar por mis medios en redes sociales o bien dar un salto cuántico a la locura y contratar detectives! Confío en que podrán seguirte y darme algo de información que de repente me aleje de la desesperación. ----- Desisto, desestimo, que el destino juegue su carta si es que está escrito. He visto a mi artillería callarse, a mis tropas guardar bayonetas y al cuartel bajar la bandera. Remato mis posiciones, vuelvo a casa.
Fumando un largo y denso cigarrillo desde la esquina te veo, como gran perro faldero, no sos nada sin tu dueño. Todo el temor que podías provocar se evaporó como la niebla ante la luz del sol, ya no tengo miedo. De pronto las cañerías de mi sensatez se cortaron con una oxidada hojalata, de pronto mi costado más violento clama por una venganza sin piedad, se dificulta encontrar algún tornillo de compasión en mi caja de herramientas. Respiro profundamente antes de sacar el revolver del bolsillo, los deseos de hacer justicia por mano propia me revuelven las hormonas, no me reconozco. Tu saliva desató en mí, grandes dosis de rabia reprimida a punto de estallar como olla a presión. Que placer verte arrastrarte, que placer engordar tu inquietud, la catapulta se ha tensado y está dispuesta a largar sus piedras contra tu magullado cuerpo. Prepara tu carne para la desgracia! Autoretrato (1912). Otto Dix
Prefiero callar mis oídos, tapar mi boca y no seguir manteniendo esta conversación. Tus palabras de desamor rascan y arrancan un pedazo de mi piel con cada coma, con cada punto seguido. Me pregunto cuánto dura tu discurso, me pregunto si dirás algo bonito capaz de reconstruir mis despojos, pegando así las partes sanas que aún sirven, algo que haya caído en el suelo pero no hayan masticado los cuervos. Pondrás música de fondo para amortiguar los golpes? Tomaremos algo para aminorar la cabalgata de tus caballeros sobre mi carne? Cerca de una muerte o una vida sin vos, suplico la llegada del punto final y quién sabe quizás tenga suerte, quizás quede algo de mí que pueda volver a empezar, regenerar y regresar al punto inicial.