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Mostrando las entradas de febrero, 2026

Tensión occipital

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Luego de una difícil jornada laboral, donde la mala suerte ha metido la manzana podrida en el cajón, decido levantarme, ya es hora de desconectar mi vida de la sanguijuela cotidiana. Menuda sorpresa cuando una espantosa sensación recorre por completo mi cuerpo. El mareo es tal que debo acostarme sin más en el suelo, el techo me parece cercano, a pesar de que la arquitectura demuestre lo contrario. Las paredes me comprimen, el oído chilla sensible luego de eternas llamadas, insulsas conclusiones, absurdas decisiones que no llevan a nada. Nada más que decir, nada más que hacer. El corazón toca la puerta de mi pecho y mis ojos levitan como cuerpo sobre el mar. Debajo, unas hormigas desean salir, continuar con su travesía, cumplir su destino, como yo alguna vez. Necesitaré mucho oxígeno para liberar esta tensión, para recuperar el aliento. Necesitaré un buen café para aplazar la fatiga, un irlandés para olvidar o un vino para sanar. Relación de dependencia. Una piedra más al mar. Otra arru...
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Esta tarde me encontró en una cafetería con un libro y un café. Y sin darme cuenta, el mundo empezó a retirarse lentamente. Las voces de las parejas se volvieron susurros, el tiempo más voluble, los meseros me ofrecían delicias pero yo no deseaba nada. Cuando uno lee así, de verdad, ocurre una pequeña soberbia silenciosa: de pronto no echamos a nadie en falta, no lamentamos que nadie nos escriba. El yo alcanza una especie de autosuficiencia pura, elevada, orgullosa. Ahí aparece inevitable la tentación: creer que se ha evolucionado a un estado superior, a una suerte de nirvana donde todos sobran en este vaso... Pero las burbujas desaparecen pronto. Al salir, tropecé con la realidad. Caminé unas cuadras, el libro quedó cerrado bajo el brazo y la nube empezó a disiparse. Y entonces pasó algo curioso, abrí mis oídos en búsqueda de voces ajenas, para que algo de ese silencio ganado chocara con mi vida. En ese momento entendí que el café y el libro no fueron motores de mi egoísmo. Aquello fu...