La lluvia nos azota. Golpea contra las ventanillas del colectivo, tratando de invadirlo, de conquistarlo, de enloquecer a la gente para que busquen un nuevo lugar donde no llueva. La lluvia se acumula en grandes cantidades, en paraguas, pilotos y alcantarillas; mataría al que se olvidó de cerrar la canilla. La gente corre desesperada, los hombres no quieren mojar su traje ni las mujeres sus zapatos, Hay algunos que se sacan el paraguas justo antes de subir al colectivo, no se quieren mojar ni un poquito; hay otros que pasan corriendo, sin importarles mojar al compañero, los niños van zapateando y los pantalones de su madre se van quejando; Varias ciudades parecen Venecia, mientras los políticos duermen la siesta.
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