Escucho voces, no siempre, todo se desencadena cuando te vas de mi casa mascullando reproches y palabras que no decís para evitar peleas innecesarias. No estoy drogado, quizás un poco demente pero con la suficiente sensatez para afirmar que mis paredes hablan. Cuando apoyo mis manos por los recovecos, testigos de nuestra carne, percibo ecos de los mejores y peores momentos. Por desgracia soy humano y recuerdo con más relevancia lo negativo, aunque nuestra sublime imagen se apoya en el trampolín de la nostalgia y con la ayuda de tu paciencia, las nubes se disipan. Logramos acortar las diferencias en una mesa pequeña con mates y bizcochos, busco tus manos, te miro a los ojos, no pienso en otra cosa, el mundo desaparece, somos nosotros dos en un búnker antimisiles, antidisturbios, "anti dolor"


Coppia al caffè (1885). Federico Zandomeneghi

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El lecho.- (boceto)