Una pared infranqueable nos deja inofensivos de este lado. Es inútil que peguemos los oídos a estos ladrillos, nuestros vecinos se han aislado, se manifiestan en silencio en un mundo digital. Pero la suerte nos tomó el pelo. Mientras allí quedaron recluidos humoristas y payasos, aquí nos acosan novicios del stand-up. Una parva de adultos narcisistas obstinados en contaminar acústicamente cada pedazo de este aire, que no es mucho. Pobres de nosotros que, tomados de la mano, nos aventuramos en un río de dióxido de carbono atorado de palabras sin sentido y lamentos modernos. Extrañamos el cine mudo, la reflexión frente al espejo o el reparo de un árbol que da sombra y al mismo tiempo libera el pensamiento en pleno silencio. Que delirantes nos hemos vuelto que el único antídoto que encontramos al dolor de oído es el método Van Gogh.
Ghetto (1947). Mosze Waldman
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