En la inmensidad de la sequía, cualquier flor silvestre es digna de admiración. Solo necesito una inhalación profunda de ese aire para constatar que todo ha sido contaminado, todo menos lo que exhalas. Si supieras que tu presencia es tan valiosa para mi, me la cobrarías sin titubear, y no te juzgo, es consecuencia de este sistema que nos lleva a comercializar cuanto podamos. El tiempo que nos separa, la distancia que nos aqueja no puede ser un impedimento para que el reencuentro sea una expresión de vitalidad, de pecados absolutos pero una oda a la larga vida. Las llamas se van apagando, te abrigo en la noche, no puedo dormir recordando todo lo que ha pasado. Los tormentos llegarán como explosiones inesperadas, estallidos inminentes que ocuparán todo el territorio disponible como buen invasor. Tu piel se mantiene lisa y templada, no como la tierra del campo, tan fría e irregular que apenas me permite dormir cuando estoy fuera. El agua de pozo me parece más pura ahora que el río está lleno de sangre, las ratas no expresan enfermedad sino normalidad, los bichos no me asustan, pues pican pero no matan. Todo aquello que le de margen o vana esperanza a mi insignificante vida, tendrá asegurada mi sonrisa y mi atención. Que termine la contienda, por favor.
Sturmtruppe geht unter Gas vor (1924). Otto Dix.
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