Mucho perfume, muchos amores, mucho delirio, tibios licores. El festival comenzó temprano, la sortija se regaló en la primer vuelta y las risas con hipo dieron vida a la jornada. Una leche con pocos segundos al fuego arrojó una espuma brutal sin haber siquiera hervido, las pupilas se dilataron ante un pico de azúcar. Hombres y mujeres con poca ropa, pero mucha gracia, bailaban desvergonzados sobre la tierra. No hubo cortes de pelo ni baños de crema para los nuevos, solo un bautismo de fuego con tragos de bienvenida para relajar la moral ajena, para moldearla con la local. Algún escribano certifica lo ocurrido? No te adelantes tanto a un juicio, aquí no hay abogados ni testigos, solo jueces permisivos.
Tanz um das Goldene Kalb (1910). Emil Nolde
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