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Mostrando las entradas de agosto, 2013

Imposible.

Furioso deseo me consumía. Malevolencia, frialdad y decadencia fluían a la par de mi sangre contaminando las venas. Al bailar mis labios, al cerrar mis ojos, al maquinar mi corazón STOP! ¿Acaso no es hora de despabilar? Sangrando la herida de lo que no fue retrocedo a la puerta y con las manos vacías me marcho. Matando el cerebro con imágenes esperanzadoras, optimistas y conformistas trato de pasar el tiempo, pero no llego al destino, caigo suavemente sobre los adoquines. Tan solo un rasguño, tiemblan mis manos pero no lo suficiente como para erizar mi sistema nervioso tomo el cigarro por su cola y lo enciendo. Me arrastro aspirando el humo intentando acortar camino pero es inútil, me quedé atascado, me toca dormir esa noche en la calle a la víspera de una luna llena que me ampare, de un Jesús urbano que me aconseje, de un perro que me escuche aunque no me entienda.

¿Evolución o involución?

Lo que no sabés es que estoy detrás de la puerta vaivén, detrás de aquella que abriste con un dedo y cerraste con la mano. Observando por la mirilla te veo delirante y revolucionaria dispuesta a aferrarte al metro y a recortar dedos con ese cuchillo sin filo. Querida maestra de los años 40 te deseo buena suerte y hasta luego. Me recibo de pastor y vuelvo a la choza, si no te encuentro te espero, ten en cuenta que estoy dispuesto a jugar, con tapones de punta pero sin entrenar. Con zapatos gastados sin lustrar. En una postal te envío mis plegarias, estés donde estés, un sobre perfumado y un beso en la etiqueta. Que tu sombra te acompañe al viaje de tus sueños, al mejor papel de tus demonios, al teatro donde vayas a actuar, a la pasarela a la que vayas a desfilar.

Elecciones.-

La nieve congeló mi corazón y mis pómulos, el viento me alertó pero otra vez no quise escuchar. El hielo develó la sangre oculta entre mis dedos. No encontraba palabras que pudieran objetar la realidad. Dejé caer mi cuerpo brutalmente sobre la arena blanca, mi reloj las 12 marcó, el último latido de mi corazón. Sentía ya el alivio de aquel dulce  juicio final. Sentí a mi alma reanudar mi existencia. De haber sabido que mi agonía seguiría, hubiese preferido camuflarme con el terreno y ser abono de aquellas flores. Una gota helada, un suspiro me dio el impulso determinante. Fui al bosque sin razón, inconsciente buscaba el refugio, la contención de alguien que esté dispuesto a escucharme, a compartir mis locuras de forma inigualable. La montaña asomaba su nariz desde las alturas y el cielo la rozaba con su cabello. Acaso nunca te preguntaste ¿por qué el amor no es equivalente a la suerte? El misterio del corazón palpitando dolor no conoce primavera, ni la duración de su est...