Quería izar la bandera de mis pensamientos sin temor a que tus críticas lluevan como piedras tras la descarga del obus.

Bien sabía que al camuflar mis manos en lo profundo de mi abrigo perdería el don de tomar tu temperatura. Cuan frío estaría tu cuerpo?

Separar el vagón de la locomotora no es una buena idea si se quiere llegar a un destino, pero qué ocurre si el destino cambió? Y si el destino está en la quietud?

He de dibujar en un pergamino la pieza del rompecabezas que falta. Paso tras paso recojo las hojas que el otoño dejó, me dispongo sin reparo a reconstruir el castillo de arena que la crecida borró, a gatas sabré recomponer los pedazos del vidrio roto.


Das Tor (1890). Albin Egger-Lienz

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