Cuando tus pensamientos agarren la correa, como buen perro sabrás que se acerca un paseo, ellos necesitan salir, vos necesitás escribir. Al bajar a la calle, corrés desesperado hacia la plaza, un lugar donde sentarse y un lugar sin tanta gente serán éxtasis en plena locura social. Tus capilares con suerte serán antenas que podrán palpar el humor social, más no los cambios de este humanoide en plena transformación. Descubro una desconsolada masa de energía que reposa con una incomodidad que parece no tener fin. Algo amorfo diría, es una criatura que no está dentro de su huevo para esmerilar su proceso de crecimiento, para aislar el detalle de su transformación a esta sociedad transparente, pública y del espectáculo.

Quise acercarme y ladrarle para que algún estímulo movilice sus membranas, acelere su proceso, modifique su conducta, lo vuelva a la vida, o mejor dicho, a donde pertenece. Qué extraños se ven los seres humanos cuando cambian! No se parecen a su versión anterior y hay completa expectativa e incertidumbre sobre lo que será, sobre sus avances, sus retrocesos o bien sus permanencias. El mercado ruega que sea más vulnerable al consumismo, al comprar y tirar, que cambie pero que no abandone la calesita, que no encuentre la salida, que no escape por el tobogán. Dios quiera que se transforme, pues no quiero volver a casa solo, llevando mi correa en la boca. Me gustaría volver acompañado y que me cuentes aquellos caminos por lo que has transitado.


Liegender hund im schnee (1911). Franz Marc

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