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De paseo

Quién puede cuestionar la felicidad ajena por más idiota que parezca? La luz del sol alcanza para delimitar calles y productos, los ruidos conforman una sinfonía fuera de lo común, dirigida por todos los actores inmersos en ese escenario, a cada segundo, minuto y hora. El canto de los pájaros acallado por el bullicio de las conversaciones variopintas de cada ser que recorre la calle, conversaciones de todo tipo, desvelo de la noche anterior, locuras, hechos singulares, encuentros fascinantes y risas auténticas repletas de endorfinas. Pero si hay algo que no puede faltar, es la sorpresa por algún artículo. Puede que el puestero coloque cada cosa en su mismo lugar. Pues, para qué va a molestarse en reorganizar y permutar lo que vende si ya ha ganado una costumbre. Pero para quien camina por primera, segunda o tercera vez, la sorpresa es sin dudas el factor más auténtico y difícil de conseguir. En un mundo cada vez más calculado, rutinario y extremadamente aburrido, la espontaneidad y la ...
Verme reflejado en un gato que se mece al son de un ritmo exorcista, buscando expulsar la bola de pelos que se tragó el otro día. Por el contrario ver a un borracho devolver aquello que rescató de la basura en la callejuela más refinada. Las palabras golpeaban mí alma con la misma intensidad que la sangre brota de una herida recién abierta. Tenía que cumplir la misión y escribir en alguna superficie lo que circulaba en el torrente intangible de los pensamientos e ideas. Conexiones.. conexiones entre palabras sueltas que forman un verso, un párrafo, que con o sin sentido estrellan contra almas y oídos de oyentes, oyentes que desbordados de estímulos lumínicos, sonoros e irritantes no lograrán destilar más de una vez el dulce licor de mí sentir sin cambiar de canal mental. Cuando habrá sido la última vez que habrán disfrutado del placer del vacío pacifico, del silencio, del juego sin prejuicios, de la escucha activa y de la sorpresa ante la novedad, de la falta de costumbre genuina y ent...
Un pueblo, un barrio, un peldaño y otro más, tus pies se desmoronan, la sangre brota y no escuchas. Vamos! que queda otro papel que llenar. Vamos! que queda otra caja que mover, más buses por tomar, más y cada vez más. Con inocencia creés que hacer ritmo con tus dedos en la reja de aquella ventana, alcanzará para moderar la carga de ansiedad que acumulás. Creés que descargar la bronca con las barras y mancuernas del gimnasio ayudará a no bruxar tanto por las noches. Cuando la vorágine pide más y no se puede aflojar, cualquier recurso será útil. Alcohol, energizantes, 'dale nomás, dale que va'. Mientras tanto el cuerpo al igual que un gato se agazapa, toma impulso y en el momento menos pensado se cobrará las facturas con una buena indexación. Y si la voz de la conciencia pregunta cuánto falta y te detiene evitando que el globo estalle de tanto aire, tomarás nota, pero sin detenerte, comprarás un globo más grande y con fiel sentimiento argentino, quedará atado con alambre hasta e...
Las luces se encienden una a una, algunas siluetas se funden, se unen con el viento nocturno que dejo la lluvia. Brazos que se apoyan en barandas oxidadas, pasadas por agua, pintura saltada, lastimada por la enorme erosión de la brutalidad del goteo del cielo. La prosa no me deja solo en esta noche donde hay tanto que decir, tanto que escribir, reclutador de palabras, fanático de la expresión, petulante en rehabilitación y voraz depredador de cultura distópica. La paciencia y la amabilidad no alcanzaron para volver a sentarme en esa mesa donde todos miraron con sorpresa cuando me levanté y arroje enérgicamente la delicada servilleta tamaño familiar al suelo, liberándome así de una responsabilidad que desconozco, de un juego que nunca supe jugar.

Aburrimiento

Cruzas las piernas una sobre la otra y agitas el pie descargando ansiedades. Miras la hora, miras la cámara de seguridad, miras la puerta, te balanceas hacia adelante y hacia atrás, pero nada parece pasar. Tus rulos han formado una enredadera con la persiana que reposa detrás. El segundero empieza a alterar tu irascible estado de ánimo, los míseros billetes de quejan en silencio del polvo que acumulan y las heladeras se han apagado, llegando a tiempo a una temperatura de equilibrio fatal. Rompes la trama con un bostezo, haces sonar tus huesos, emitís un suspiro y te dispones a reorganizar los productos de tus escuálidas góndolas. Afortunadamente divisaste una repulsiva y diminuta cucaracha en la frontera del mostrador y la puerta! Algo asqueroso, pero algo con qué matar el tiempo.

Escalofrío

Un golpe de llaves, una suave transición, pasos que arrastran un aura pesada de intacta mala energía, el ropero se queda chico al ver su grosor y la luz del sol esconde su brillo como una madre aleja a sus chicos de un pajarito muerto en la plaza. Los ojos se cubren al igual que la justicia y las carillas dan vuelta sus textos. Todo se ha rebelado en su contra, todos los vasos han perforado sus bases y hasta los pisos han evacuado su humedad en las rejillas y alcantarillas. Hasta el mal olor se ha ido de su cuerpo y el perfume se ha escapado del envase, tragedia que no tiene solución. Los buitres sobrevuelan su cuerpo porque aún está vivo. Cuando su muerte sea algo real y tangible, huirán hacia otra sangre más pura.
Desde que tuvo conciencia, se desveló mirando el árbol del patio. Dedicaba hartos momentos, la mirada bailaba entre los frutos, las ramas... Mientras otros buscaban formas entre las nubes, él las buscaba en la tierra, en las formas que proyectaba el sol a través de las hojas. Conforme pasaban los años, quiso subir hasta la copa para recibir de lleno el mismo sol que bañaba las hojas más altas, para observar de cerca los nidos de los pájaros. Se midió ante la rama más baja y se angustió al ver que no alcanzaba. Hizo puntas de pie, amontonó troncos caídos, hizo un pastel de barro luego de la lluvia matinal, pero nada le daba la suficiente altura, nada era lo suficientemente estable para acercarlo a su objetivo. Se sentía en un embrollo, el tiempo no lo acompañaba, la idea lo acosaba ahora, pero su cuerpo era tan pequeño... Y qué es la vida sino un desencuentro de oportunidades? Desarmes de cubos rubik que en ocasiones harán coincidir colores para formar juntos un vitreaux y en ocasiones ...
Las nubes desplazaron al sol en este cruel juego de suma cero llamado clima. Un automovilista cortó la risa de aquel niño que se acercaba saltando.. si reparasen más en esos pequeños detalles, pensarían dos veces antes de tocar esa bendita bocina. Pero no tema doña! que no todas son malas noticias. Ha visto acaso algo más solemne que una madre gorrión alimentando a su pichón? O como las gotas caen desde la canaleta de ese viejo tejado ocasionando una apertura de estrella en el suelo? Otro niño camina con las manos ocupadas, con una está unido a su madre y con la otra sostiene aquel globo armado por el payaso cuarentón de la esquina. Siento que de adulto somos iguales, solo que un globo ya no alcanza para colmar nuestras expectativas y solemos llenar ese vacío con objetos más caros, cómo autos, bolsos, carteras; pero el común denominador llena sus manos de pantallas minúsculas que aportan el color que no puede ni quiere ver al levantar la vista.
Perdón pero discrepo, no creo que contarle las arrugas al atardecer sea una pérdida de tiempo. Acompañado de unos mates y de las dulces pulsaciones de un piano, podría acampar horas sin más reparo que los colores del cielo, la apertura de la noche me dará una bienvenida fría a esta altura del año, pero el brillo de mis ojos no se irá con el correr de las horas. Olores de cenas ajenas me harán notar cuánto ha pasado desde que me senté en el balcón dispuesto y sin más pretensiones que mirar hacia arriba, que disfrutar de la suave brisa, como una tregua del invierno que nos mantenía encerrados, mirando a través de una ventana, muchas veces empañada.
Tapando el sol con la mano, escondiendo muecas con mascarillas, alejando los ojos del cielo para ocuparlos y ocultarlos en la pantalla. Desplazando con los dedos estímulos que dispersarán la tensión y la atención de aquello que solíamos llamar sentimientos. Mendigando anestesias, alejando melancolía, nostalgias de tiempos mejores, dolores recientes y abandonando ese impulso destructivo que enciende la mecha interna de la ira. La respuesta justa a cada problema: - Auriculares para no escuchar lamentos, lamentos que alguien debe expresar para no corroer más su alma, alma que permanece alejada de la alegría que alguna vez sintió. - Vitaminas para contrarrestar el efecto nocivo y depresivo que el mal humor social propaga como nido de hormigas un día de lluvia, que contamina como petróleo en agua limpia. - Anteojos de sol baratos, que dañarán la vista lentamente, evitando el contacto con la gente que pasó de trabajar a pedir comida. - Ropa tan gruesa, tan fría que permanecerá inmóvil ante l...
Lamentos y suspicacias son fideos de otro plato. Individuos que conocen muy bien las recetas, pero eso no significa que conozcan los sabores. Aquellos ojos desean el encuentro con el cocinero, con todo lo que ello implica, la cocina, las manos de quién sigue el algoritmo pero que también pone un condimento incomparable e inigualable llamado experiencia, tacto o bien talento. Por el contrario, se encuentran con la fría mirada del mesero, aquel que nunca dedica una completa atención, una presencia ausente, una contradicción funcional y performante pero carente de empatía. Sin más preámbulos que intenten secuestrarme de la decepción recibida y percibida, busco algo en mí plato, no sé explicar qué y así, comienzo a acariciar los bordes de los ingredientes con los utensilios. Con la comida no se juega, me decían.
Imagen
Al final de la jornada laboral, tomé la decisión de escapar de mí mente. Fui al cine donde exhibían un Thriller y por supuesto busqué el asiento más al centro tanto vertical y horizontalmente. Los anuncios habían concluído, las luces estaban por apagarse cuando de repente el acomodador completó el único asiento vacío de la sala, casualmente, el que estaba a mí lado. Divisé una bella mujer, cabello suelto enrulado, anteojos gruesos, piel suave y una sonrisa bajo perfil que robó mí atención. La película empezó y en un principio olvidé su presencia, me sumergí completamente en la trama. En los momentos más trágicos, entrelacé mis dedos y acaricié mis manos buscando consuelo. En algunos momentos cálidos, tuve la pulsión de tomar sus manos, de mirar de cerca a través de sus lentes, pero no lo vi tan apropiado. Al final de la función, cuando las luces se encendieron, desconecté mí cerebro del proyector, giré mí rostro hacia ella y me encontré con la desagradable decepción de su edad. No me l...