Entradas

Mostrando las entradas de agosto, 2024
Imagen
-Y claro que mis ojos, de tanto leer, se secaron e irritaron! -Le dijo esa noche a su amigo. Al mismo tiempo, mi voluntad y mi sentir supieron ser amartillados por textos de pesado historial y gatillados contra su dueño, agujereando el espíritu infantil que, bajo un grueso acolchado, se encontraba guarnecido. Más no reniego de las grietas que la sabiduría imprime, o de ser el vehículo que reproduce una vasta cantidad de palabras ajenas, mucho menos de entregarme al abismo de la mezcla existencial en la lucha contra la ignorancia, solo que por momentos estalla en mí el humilde pedido de demorar las expediciones de mi mente hacia el más allá. Quisiera, caprichosamente, meditar y acallar los destellos que mueven mi interés, así como el hombre detiene estrepitosamente la raíz del árbol que invade su hogar o la insolencia de un niño con un golpe seco. Pero soy débil, débil ante la seducción del saber, ante la afrodisíaca curiosidad, ante el olor a libro nuevo, ante los ensayos psicológicos ...
Imagen
No me importa que hayas estado aquí durante el día, si te has ido ya dos veces por la noche. Calentaste un sillón esta mañana pero dejaste frío tu lado de la cama. Extendí mi mano por las sábanas, acaricié tu silueta imaginaria, y apoyando la cabeza en tu almohada, corté el silencio con una parva de lágrimas. Se humedeció el maquillaje por el llanto y se solidificó en la quietud de la madrugada. Atravesaba mis ojeras de punta a punta, conectaba mis pupilas y mis pómulos en un imperfecto trazo negro diluido, para película de terror era ideal o quizás para un desdichado video musical. Con paso cansino llegué a tu cuaderno que curiosamente rebozaba de vida, pero amargamente constaté mi condición, estaba muerta en vida, muerta en tu mente, muerta en tu papel. No recuerdo nada más, me miré al espejo pero no vi nada, los colores del apartamento cambiaron, mi ropa ya no convive con la tuya en el armario y mis joyas las porta otra persona. Woman Reading by a Window (1925). David Alison
Imagen
Recuerdo que cada miércoles, luego del colegio, subía a visitar al alfarero del 5to piso. Al principio me atrajo la curiosidad, luego, el hábito fue el otro polo del imán. Invertía cada día en una obra diferente, la música que acompañaba el desarrollo dependía de múltiples factores, a saber: el clima, los vientos políticos, el precio de la yerba mate, un texto nuevo que su novia le acercaba o hasta una idea loca en la radio, todo lo condicionaba, todo se convertía en papeles de colores que en el revuelo se adherían a su masa y se hacían carne en su obra. Cruzaba la puerta y lo encontraba en su sillón, se sentaba imitando al pensador, a una distancia precisa y determinada para juzgar lo realizado. Un católico diría que se creía Dios observando sus creaciones, aunque dudo que a su mente tan inquieta e inconformista le llegue alguna vez su séptimo día. Después de escuchar algún que otro tango e inhalar sin remedio un sahumerio, me sumergía en un trance y el ambiente se hacía fluido como l...