La aparición de un diminuto gorrión, perturbó el micro sueño de aquel varón.
El brusco despertar alejó al buscador de migas, pero la codicia por un premio mayor junto al zapato del humano lo llevó a reincidir.
De haber querido, lo habría aplastado, hubiera terminado con su vida en menos de un segundo, y hasta hubiera sido un acto cristiano! Una vaga lección sobre los peligros de la codicia, empero, que grandeza y que responsabilidad se requiere cuando se tiene la vida del otro en la mira del fusil, cuando se tiene el puñal en una mano y el corazón latiendo en la otra.
En el momento en el cual se reconoce la debilidad y se decide respetarla, el alma se eleva. Por el contrario, cuando se decide herir y/o destruir, se cruza un límite delicado hacia la crueldad, crueldad que encontrará redención en el arrepentimiento, más no en el disfrute.
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