Las paredes blancas no producen estimulo alguno
Si no fuera por la enfermedad en los ojos que me hace ver moscas en el horizonte, me quedaría profundamente dormido viendo decantar la luz en la falta de color.
Cuando la creatividad se apodera de mi, recobra fuerza el impulso de llenarlas de colores mediante acuarelas, aerosoles o crayones.
Unos minutos mas tarde, mi yo adulto y mercantil propondrá comprar unos cuadros caros o posters para llenar el espacio vacío.
Mi yo fatigado reflexiona herido por la sobre-estimulación y defiende que se mantengan de un color blanco luminoso.
Mi yo melancólico sopesa entre copas la idea de pintarlas de gris cemento para que los hongos no se luzcan y la luz no pueda entrometerse por las ventanas.
Hay quienes cuentan ovejas para dormirse, mientras otros dan rienda suelta a los debates interiores esperando que la arena caiga lentamente.
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