En un auto a toda velocidad, el viento le sacará espacio a la voz de tu inconsciente.
La concentración que demanda la ruta te impide reflexionar sobre la pregunta más resonante de los últimos tiempos "qué querés realmente?".
El único factor que pudo y podrá salvarte es la música, por suerte el estéreo está disponible a un gesto de distancia.
Suena Pequeña Orquesta Reincidentes, el corazón conecta con cada nota del contrabajo y la velocidad empieza a descender. Lógicamente no baja por arte de magia, es consecuencia de relajar el pie del acelerador.
Cómo cuesta por momentos hacerse cargo de las responsabilidades...
Las intenciones brotan desde el interior, la racionalidad sopesa y los sentimientos reclaman acción y reacción. Segundos críticos de fuerzas contrapuestas se manifiestan en cuotas, algún grito pelado, un silencio interminable seguido de una lágrima que se abre camino por una barba florecida y descuidada, una descarga sobre el manubrio que sufre algunos kilos de fuerza más que de costumbre, y la necesidad de un buen vaso de whiskey que logre sosegar los nervios.
Una vez detenido, apoyás las manos en tu regazo y la cabeza en el respaldo, respirás a consciencia y hasta el tic en el ojo decidió darte tregua en este minuto.
El silencio de acero y el sol que se desmarca de las nubes te hacen preguntarte si estás vivo, si aún existís o si ya sos parte de la eternidad que tantas veces golpeó tu puerta.
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