Desentrañando engranajes
Es la curiosidad motorizada por un genuino interés lo que mueve la máquina de escribir.
Es la necesidad de saber, la intriga, lo que moverá trazos a lo largo y ancho de ese papiro, empero, allí estará la racionalidad para meditar y congelar impulsos, siendo la gravedad misma de los anhelos que livianos comienzan a volar y desaparecer en este espacio tiempo.
A su vez, ese tira y afloje, ese mecanismo ocurre en un completo libertinaje. De repente uno se ha vuelto espectador de ese tenis de mesa.
Toda la ecuación parece exonerar al individuo, o al menos hasta que un pensamiento residual, irritante y razonable, le recuerde que es dueño de todo lo que ha descrito, que es el huésped de esa mezcla tan heterogénea de pensamientos y sentimientos que tanto ruido hacen en su interior, pero del que poco se ve desde el exterior.
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