Regresar del conflicto, esperar en ese andén con intenciones de encontrar a alguien pero con la posibilidad cada vez más clara de volver a casa en soledad, sin riquezas, sin renombre, con tan solo lo puesto y unos cigarros que atenuarán mí caída a la realidad.
Quedé diametralmente fuera de los festejos, unos pocos voltearon confundiendo mí rostro con el de algún ser querido, pero la decepción se hacía más evidente a medida que nos acercábamos, dejándonos a ambos un gusto amargo e incómodo. Podríamos haber fingido demencia, olvido o simplemente nos hubiéramos dejado llevar por el impulso y la atracción del cálido abrazo del reencuentro, pero es sabido que la cordura, el razonamiento y la lógica separan corazones desde tiempos inmemoriales.
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