Te crucé justo donde se encuentran la veterinaria y la oficina de seguros de hombres bien trajeados. Venías algo confundida, a paso lento, pero levantaste la mirada y te acomodaste el pelo. Serás del barrio? Algo perdido, retomo mi pensamiento original. Tenía latas de tomate en la alacena? No recuerdo.
Días más tarde, esquivando facturas impagas frente a la casa abandonada, te crucé y "Tiene que ser del barrio" pensé. Humedeciendo el labio superior con la lengua y jugando con la barba incipiente meditaba y de pronto me sentí un sommelier al decir: Huelo notas de vainilla!, serán de ella? Brotan desde ese árbol, o simplemente vienen desde la panadería? No sé nada de perfumes, mucho menos de plantas, elijo el camino más sensato.
En el cruce de esos largos semáforos te crucé y nos quedamos esperando como niños a que suene el timbre del recreo. "Tenía que ser" me dijo mi mente, era del barrio. Semáforo en verde, verde para el motor de mis piernas. Metros delante, me enteré que vivía en la vieja casa de Ramiro. Allí, la esperaba en la puerta con unos mates, una perra negra y unos besos nada más ni nada menos que su pareja.
Metí las manos en los bolsillos, caminé hacia la librería.

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