Humedezco la pluma en el tintero y a velocidad de crucero me dejo llevar por los pensamientos.

Al igual que unas manos rápidamente se deslizan por el piano, mi pluma redacta sin detenimiento los pálpitos entreverados y sincopados de mi corazón. Él late, yo escribo. En una fugaz taquicardia descubro más sentimientos que en toda una vida buscándolos. Me invade una carga de caballería, adrenalina y artillería, la guerra relámpago de palabras encuentra ventaja a pesar de la tierra arrasada.

Tomo lentas bocanadas de aire para seguir escuchando su clara protesta, su ajetreada propuesta, más tengo miedo de moverme y alterar la cadencia.

Mis manos conocen el teatro de operaciones, comandan movimientos automáticos desde el tintero al primer renglón y cuando caen en el abismo, en la cólera del espacio, cambian súbitamente de hoja y como en un carrusel, todo vuelve a empezar.



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