Reboto una pelota bañada en barro contra la pared blanca del vecino, que puede salir mal?

Cada rebote es un nuevo trazo, una intervención del artista que llevo dentro, como así también una transferencia, pues tanto la pelota (mi pincel) como mis manos, dejan de estar sucias, todo queda plasmado en este lienzo que es la pared.
Los impactos están muy dispersos, de repente pienso unirlos de manera abstracta. Mi plan es detenerme cuando me quede sin tinta, masajear la pelota entre las manos y observar las figuras.
Quizás, solo quizás, consiga entretenerme con mi propio Test de Rorschach creado a pulmón, a barro, pero sobre todo, con imaginación.



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