Esta mañana encontré piedras encalladas en la playa.
Diferentes tamaños, diferentes colores. Algunas tenían varios años, otras estaban recién instaladas y otras en cambio estaban por desaparecer.
Su origen tambíen variaba, algunas las trajo el mar, otras las cargaste vos desde tu nacimiento, mientras otras las colocó la vida misma, a través de personas o sucesos.
Si fuera creyente diría que algunas de ellas se parecen a los talentos de la biblia, pero es más amplio que eso, hay cicatrices, enseñanzas, valores, aspectos, características, heridas que aún duelen y hasta rasgos que desaparecen, pues nuestra vida es una transformación constante y sonante, y lo que ya no somos simplemente se lo lleva el viento, algunas de un plumazo, mientras otras se erosionan lentamente.
Que bonito sería tener en nuestra playa tantas piedras como sea posible.
Dicho de otra manera, que la muerte nos encuentre con más piedras en la playa y menos piedras en el alma.

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