Querida Milly

Querida Milly, he de confesarte que he estado profundamente triste.

Asesino el tiempo libre de una manera penosa. Entretengo la mente con dilaciones que no espero completar y con alguna copa de vino que planeo terminar. Bien sabrás que el sentimiento de desamparo trae aparejado una desorganización brutal de la rutina.

Debería comer? Debería afeitarme? Debería levantarme de la cama?

De repente extraviamos la motivación para las cosas más esenciales y humanas y nos vemos reducidos a esqueletos rellenos de piel muerta, que despiertan bajo la tiranía del ritmo circadiano.

Recuperaremos acaso la sensibilidad para pasar de la indiferencia, de la ataraxia, de la incomunicación a la acción?

Sé que son momentos desagradables que hay que transitar y que la clave está en resistir.



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