Desde que tuvo conciencia, se desveló mirando el árbol del patio.

Dedicaba hartos momentos, la mirada bailaba entre los frutos, las ramas... Mientras otros buscaban formas entre las nubes, él las buscaba en la tierra, en las formas que proyectaba el sol a través de las hojas.

Conforme pasaban los años, quiso subir hasta la copa para recibir de lleno el mismo sol que bañaba las hojas más altas, para observar de cerca los nidos de los pájaros.

Se midió ante la rama más baja y se angustió al ver que no alcanzaba.

Hizo puntas de pie, amontonó troncos caídos, hizo un pastel de barro luego de la lluvia matinal, pero nada le daba la suficiente altura, nada era lo suficientemente estable para acercarlo a su objetivo.

Se sentía en un embrollo, el tiempo no lo acompañaba, la idea lo acosaba ahora, pero su cuerpo era tan pequeño... Y qué es la vida sino un desencuentro de oportunidades? Desarmes de cubos rubik que en ocasiones harán coincidir colores para formar juntos un vitreaux y en ocasiones serán recuadros amorfos.

Pasaron días, meses y años, templando ansiedades, acallando tortuosos pensamientos, de esos que atacan justo a la hora de dormir.

Hasta que al final consiguió la altura necesaria, un pie, el otro, una mano, la otra. Escalando a su paso, encontrando obstáculos, recibiendo hojas secas, rayones de ramas rebeldes, cicatrices de pájaros oportunistas y carroñeros, hasta que por fin llegó el día, llegó a la cima y el sol calentó cada poro, cada rizo, cada rulo, para quienes miraban el cielo de lejos fue algo insignificante, para los más pequeños fue una envidia grande, para él, significó tocar su cielo con las manos.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El lecho.- (boceto)