Perdón pero discrepo, no creo que contarle las arrugas al atardecer sea una pérdida de tiempo.
Acompañado de unos mates y de las dulces pulsaciones de un piano, podría acampar horas sin más reparo que los colores del cielo, la apertura de la noche me dará una bienvenida fría a esta altura del año, pero el brillo de mis ojos no se irá con el correr de las horas.
Olores de cenas ajenas me harán notar cuánto ha pasado desde que me senté en el balcón dispuesto y sin más pretensiones que mirar hacia arriba, que disfrutar de la suave brisa, como una tregua del invierno que nos mantenía encerrados, mirando a través de una ventana, muchas veces empañada.
Comentarios
Publicar un comentario