Verme reflejado en un gato que se mece al son de un ritmo exorcista, buscando expulsar la bola de pelos que se tragó el otro día.
Por el contrario ver a un borracho devolver aquello que rescató de la basura en la callejuela más refinada.
Las palabras golpeaban mí alma con la misma intensidad que la sangre brota de una herida recién abierta.
Tenía que cumplir la misión y escribir en alguna superficie lo que circulaba en el torrente intangible de los pensamientos e ideas.
Conexiones.. conexiones entre palabras sueltas que forman un verso, un párrafo, que con o sin sentido estrellan contra almas y oídos de oyentes, oyentes que desbordados de estímulos lumínicos, sonoros e irritantes no lograrán destilar más de una vez el dulce licor de mí sentir sin cambiar de canal mental.
Cuando habrá sido la última vez que habrán disfrutado del placer del vacío pacifico, del silencio, del juego sin prejuicios, de la escucha activa y de la sorpresa ante la novedad, de la falta de costumbre genuina y entera, de verse absortos en una plaza sin nadie a su alrededor, sin el temor ni la ansiedad social, sin la confianza de palomas y gorriones que a su lado indagan en busca de algo con qué pasar la tarde o bien la noche.
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