Un pueblo, un barrio, un peldaño y otro más, tus pies se desmoronan, la sangre brota y no escuchas.

Vamos! que queda otro papel que llenar.

Vamos! que queda otra caja que mover, más buses por tomar, más y cada vez más.


Con inocencia creés que hacer ritmo con tus dedos en la reja de aquella ventana, alcanzará para moderar la carga de ansiedad que acumulás.

Creés que descargar la bronca con las barras y mancuernas del gimnasio ayudará a no bruxar tanto por las noches.

Cuando la vorágine pide más y no se puede aflojar, cualquier recurso será útil. Alcohol, energizantes, 'dale nomás, dale que va'.

Mientras tanto el cuerpo al igual que un gato se agazapa, toma impulso y en el momento menos pensado se cobrará las facturas con una buena indexación.

Y si la voz de la conciencia pregunta cuánto falta y te detiene evitando que el globo estalle de tanto aire, tomarás nota, pero sin detenerte, comprarás un globo más grande y con fiel sentimiento argentino, quedará atado con alambre hasta el próximo pronunciamiento.

Y es que las dos variantes tienen sus pro y contras, o acaso alguien podrá objetarme que hacer las cosas mucho más despacio y de una manera laxa y alargada en el tiempo será menos estresante que hacer todo de un tirón y olvidarse del asunto mucho más rápido?

No te preocupes! Pues los dioses del nuevo siglo te cubrirán con corticoides cuando el dolor no te deje continuar, pues el lema de esta época es: "habrá un fármaco justo y a medida para que no te detengas nunca"

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