Aburrimiento

Cruzas las piernas una sobre la otra y agitas el pie descargando ansiedades.

Miras la hora, miras la cámara de seguridad, miras la puerta, te balanceas hacia adelante y hacia atrás, pero nada parece pasar.

Tus rulos han formado una enredadera con la persiana que reposa detrás. El segundero empieza a alterar tu irascible estado de ánimo, los míseros billetes de quejan en silencio del polvo que acumulan y las heladeras se han apagado, llegando a tiempo a una temperatura de equilibrio fatal.

Rompes la trama con un bostezo, haces sonar tus huesos, emitís un suspiro y te dispones a reorganizar los productos de tus escuálidas góndolas.

Afortunadamente divisaste una repulsiva y diminuta cucaracha en la frontera del mostrador y la puerta! Algo asqueroso, pero algo con qué matar el tiempo.

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